
Y ya no se trata de errores infantiles, sino que las deficiencias ortográficas han entrado en la universidad, como constatan los profesores del campus logroñés. «Durante mucho tiempo me negué a creer en ese empeoramiento, pero he tenido que reconocerlo», sintetiza Miguel Ángel Muro, escritor y profesor de Filología. «Por desdicha se nota que falta calidad. No se trata de algo generalizado, por lo menos en Filología, ni hablamos de analfabetos funcionales, pero el nivel no tiene nada que ver con el de hace una década. Es una epidemia», resume.
De la misma opinión es Ana Ponce de León, profesora de Magisterio: «Los estudiantes se abandonan mucho a los correctores de ordenador, que no son demasiado eficaces, y dejan de prestar la atención necesaria al texto», indica. «En la Universidad no podemos estar hablando de las faltas de ortografía. Ese trabajo ya tenía que estar hecho», añade.
En las asignaturas de Ciencias la pobreza ortográfica resulta todavía mayor. «Parece notarse un empeoramiento progresivo y proviene de la falta de lectura», asegura Francisco Páez de la Cadena, profesor de Jardinería, escritor y traductor del premio Nobel V. S. Naipaul.
«En las preguntas de desarrollo nos encontramos con una sintáxis errática y con muchos problemas de los alumnos para expresarse, además de un desconocimiento notable de los significados de las palabras», añade. «Los estudiantes asumen que cometen las faltas y no le dan importancia. Eso es lo verdaderamente preocupante», añade.
Pero hay opiniones más positivas, como la de José Javier Mangado, docente de Filología: «No he constatado esa evolución negativa, aunque los estudiantes de mi carrera, en este campo, pueden ser los más 'selectos'». «No soy demasiado pesimista con los mensajes de móvil, por ejemplo, porque los alumnos siempre hemos tendido a abreviar», añade.
En lo que todos los profesores se muestran de acuerdo es en la necesidad de reforzar el estudio de la lengua en los niveles previos a la universidad. «Habría que impartir más horas de lengua y literatura en el colegio, como de matemáticas. Son básicas», concluye Muro.











