RÁPID DE MURILLO 0 - VILLEGAS 1
A eso hay que sumar el fuerte viento que sopló ayer y que ni Rápid ni Villegas tuvieron una actitud constructiva. Hace poco dijo Menotti -al que los años le han hecho matizar el discurso preciosista- que una cosa es jugar bien y otra es jugar lindo. Pues bien, se puede decir que ayer ninguno de los dos equipos jugó bien ni lindo, sino todo lo contrario.
Es cierto que quien llevó el peso del partido y la iniciativa durante más minutos fue el Rápid. Pero su dominio no se transformó en ningún gol. Y casi en ninguna ocasión. De hecho, la primera parte pasó sin la entrada en escena de los porteros (sobre todo del murillense Juan Carlos). Unos cuantos disparos lejanos fueron el único argumento del equipo local en ataque. Más pobre fue el de los visitantes, que sólo se acercaron en el tramo final con un par de faltas colgadas al área sin éxito.
La segunda parte tampoco fue muy diferente. Con el Rápid tocando, el Villegas se iba echando cad vez más atrás. Pero la historia se repetía casi calcada. Ni una ocasión clara, ni una parada de los porteros, que tenían que estar muriéndose de frío. Y así pareció ser en el minuto 70, cuando Ismael colgó desde su casa una falta a priori peligrosa como cualquier otra. El balón pasó entre una nube de piernas y algo despistó a Juan Carlos, que fue incapaz de detenerlo.
Era la primera ocasión (por llamarla de alguna manera) clara del Villegas. Máxima efectividad. El Rápid siguió asumiendo el mando, pero no hizo méritos suficientes para lograr el empate. Ahí está la diferencia entre uno y otro equipo. Ninguno juega bien ni lindo, cierto. Pero el menos malo, por efectivo, es el Villegas. Por eso a los logroñeses les separan cinco puntos del descenso y los murillenses son penúltimos con diecinueve.





