Rafa Sáez modificó su once. Dio entrada a Marcos como eje, a Pulga en banda y a Ederra más adelantado. Además tuvo la virtud el Logroñés CF de encontrar la vía hacia el gol, pero no sólo hay que llegar y centrar. Hay que dejar el balón en las redes y cerrar el duelo cuanto antes. El Barakaldo se limitó a defenderse. Con orden y con acierto. Pulga avisó pronto de sus incursiones por banda, pero no vio a Salcedo llegar por el carril central. El mismo Pulga, junto a Ederra, que cayó al lateral, y Garay buscaron una y otra vez la línea de fondo. Lo estaban haciendo bien, pero por tres ocasiones Marcos pudo rematar dentro del área (Nacho Franco también en alguna de ellas). Unas veces no llegó y otras, en la mejor ocasión, se topó con el cuerpo de Pascual sobre la misma raya de gol. Dominio, juego, superioridad..., síntomas de equipo mejor clasificado, pero ninguna de esas características definen finalmente la tabla clasificatoria. Justo o injusto. Es lo que hay.
Veinte minutos
El Barakaldo reajustó líneas en el descanso. Metió a Etxaniz en el centró de la zaga y pasó a Ricardo Segura a la banda izquierda. Desapareció Pulga y con él el fútbol por el carril. Franco disparó alto desde dentro del área. Hizo lo más difícil: el control. Luego mando el cuero a la grada.
El once vasco también tuvo mayor ambición. Con Antxon en el campo manejó mejor el balón. El Logroñés CF seguía mandando, pero sin tanta llegada. Parecía como si el paso de los minutos le devorara poco a poco. Así, en una de esas acciones intrascendentes, Beltrán (doce goles con el de ayer) se inventó un disparo en diagonal desde fuera del área. Un gran gol en el que Vilches se limitó a mirar el balón. Dio la sensación de que pensaba que iba fuera. Posiblemente no hubiera impedido el tanto, pero tampoco hizo nada.
El gol se tradujo en miradas hacia el césped. El Logroñés CF era un equipo cabizbajo. Diecisiete minutos para remontar. La cuestión mental manda y ésta no es nada fuerte. Sáez incluyó a Vellisca y Paixao. Quitó sorprendentemente a Ederra, que con el partido sin goles tuvo el tanto en sus botas. Un gran pase de Pulga desde su campo. El navarro se plantó ante Pascual y el balón se le marchó acariciando el poste izquierdo. Unos centímetros más centrado y el resto del partido hubiera sido muy diferente.
El segundo tanto, un remate de cabeza de Etxaniz al borde del área pequeña, finiquitó el duelo. Error en la marca y del portero, que no mandó en su terreno. A nadie la quedaba dudas de que el Barakaldo era el ganador.
Esfuerzo, buen juego, llegada, méritos..., palabras que reflejan la realidad de ayer, pero que no esconden el fracaso. Son tres las derrotas consecutivas que se acumuln. Tres semanas en las que se ha pasado de puestos de permanencia a descenso. El Logroñés CF necesita urgentemente definición y que algún que otro jugador se implique más. Ahora sólo pueden jugar los mejores. Es la necesidad. Demanda más genio que sumar a su calidad futbolística.
Ayer, el equipo quedó tocado y errores o no al margen sólo tiene seis partidos para enmendar la temporada, mala desde su inicio. De nuevo toca terapia y pensar que se puede ganar un primer partido.








