
- ¿Cómo llegó a Los Ángeles?
- A mí me gustaba el periodismo, pero decidí estudiar también Filosofía porque antes la formación periodística en la universidad dejaba mucho que desear. Pero durante muchos años no ejercía. En los 80 compartía con mi hermano, Mario Ayuso, editor y actor, la librería Madrid Comics, en la Gran Vía madrileña. Desde nuestra tienda formábamos parte de la 'movida'. ¿Qué relación tiene esto con el periodismo? La inquietud por las cosas nuevas. En aquellos años me marché a París con mi chico, Raúl García, y comencé a colaborar con la Agencia Efe. Ya en el 90, siguiendo a Raúl, fui corresponsal para Efe durante cuatro años hasta que en el 94, él se marchó a Los Angeles para trabajar en los Estudios Disney, donde fue el primer español. Después de gastar mucho dinero en teléfono y en vuelos, decidí ir con él. Pero la Agencia Efe no tenía confianza en que Los Ángeles ofreciera suficiente información: no querían poner en marcha allí una corresponsalía. Tampoco 'El País', al principio.
- ¿Por qué?
- En España, la información de Hollywood no se consideraba seria sino solamente del corazón. Pero el cambio demográfico y la fuerza de la comunidad hispana han hecho cambiar esta opinión. Buen periodismo y Hollywood ahora parecen compatibles.
- La huelga de guionistas, el éxito de series de calidad como 'Los Soprano' o los premios internacionales al cine español también aumentan el interés de lo que sucede en Hollywood.
- Pero a veces en exceso. En ocasiones, me veo en la batalla de convencer a mis jefes de que tampoco es para tanto. No le quito importancia a la huelga de guionistas pero dudo que afecte diariamente a los españoles. Hace un par de años, los trabajadores del transporte público de Los Angeles declararon una huelga. En España, pensaron que LA estaba atascado pero en realidad, el tráfico funcionaba igual que siempre porque aquí sólo una minoría de la población utiliza transporte público.
- ¿Cómo es un día normal para usted?
- Debo decir que George Clooney no viene a desayunar a mi casa (risas). Mi jornada empieza temprano, a las siete, porque el cambio horario (nueve horas) marca mi jornada. Cuando yo me levanto, han pasado ya muchas cosas en el mundo y mis jefes están casi en la hora del cierre. Por las mañanas saco a mi perro a pasear y al volver a casa, me quedo pegada al teléfono. Por las tardes acudo a las entrevistas con la gente de la industria. Cuando se acercan los premios, sobre todo los Oscars, o a las puertas de los estrenos de verano, la carga de trabajo aumenta. Hay semanas en las que tengo una entrevista y otras, cuatro. Por las noches, me gusta ver películas, pero no las que tengo que analizar por obligación. Además, ahora estoy metida en la producción de una película de animación que impulsa mi marido con un equipo técnico de Granada. Se llama











