Lo más llamativo del caso de Thomas (Tracy Lagondino antes de iniciar su cambio de sexo y decidir más tarde quedarse embarazad@ por la esterilidad de su esposa Nancy) no es ese laberinto de identidades y reasignaciones biológicas que, en los tiempos que corren y superadas las ecuaciones de primer grado entre peras y manzanas, sorprende lo justo. Lo que fulmina en la situación de Thomas es su decisión de publicitar su embarazo en
A pesar de todos los focos, le creí. Pero mi fidelidad duró el mismo tiempo que dura un anuncio de clínex. Hasta que Thomas contó detalles como que su madre se suicidó cuando él tenía 12 años, que fue su pareja quien le practicó la inseminación artificial en su casa de Oregón para sentirse más cómodos, que practicaba halterofilia o que se hacía una ecografía en directo para ver la silueta del bebé y escuchar su corazón. Kimberley James, su ginecóloga, aportaba por videoconferencia un plus técnico con sus comentarios sobre el estado de la placenta y las condiciones del parto. «Nos da miedo que la gente no nos entienda», afirmaba Thomas. Lo que da miedo es abrir en canal (de televisión) una nueva vida.











