Si un sentimiento similar afecta a 40 millones de españoles o a 250 millones de europeos, la cuestión es realmente trascendente, porque el consumo se contraerá de forma significativa y se desatará una crisis en cadena. En esas estamos, después de que el pasado verano sonasen los primeros signos de alarma en Estados Unidos.
LOS ORÍGENES
Crisis de confianza financiera
El descubrimiento de que muchos bancos norteamericanos habían prestado dinero para la compra de viviendas a clientes de dudosa solvencia y que habían extendido el virus por medio mundo vendiendo participaciones en esos créditos, desató el pasado verano una crisis que aún no se ha superado. «Estamos en medio de una crisis de confianza del sistema financiero -opina Juan Iranzo, responsable del Instituto de Estudio Económicos- que no se arregla con inyecciones de liquidez como las que ha hecho la Reserva Federal y que está llena de incertidumbres. Así se puede resolver el problema de la liquidez, pero no el de solvencia». Nadie se fía de nadie.
Hay demasiadas incertidumbres. «Nadie es capaz de predecir en estos momentos cuál es la profundidad real del problema de los créditos 'subprime' -reconoce Roberto Velasco, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco-.
Existe, en opinión de Iranzo, un efecto pernicioso en las medidas de inyección de liquidez de los bancos centrales, y es que pueden «alentar un comportamiento irresponsable por parte del mercado financiero, en especial en el futuro, ante la seguridad de que en caso de crisis siempre habrá alguien que acuda en su apoyo». Pero, «en este caso las autoridades monetarias han considerado que era prioritario tratar de evitar una crisis sistemática, a causa de la pérdida de confianza. Y ésta no se resolverá hasta que se conozca el daño real sufrido en las entidades financieras».
LAS PREVISIONES
En permanente revisión
Si en verano y a finales del pasado año se hablaba de «aterrizaje suave» de la economía, el paso del tiempo ha provocado una permanente revisión, a la baja, de todas las estimaciones. «Del aterrizaje suave hay que olvidarse -opina Velasco- y hay que prepararse para comernos una buena ración de tierra. El descenso de confianza de los consumidores, unido a la crisis financiera y al rebrote de la inflación y de los precios de las materias primas supone un mal panorama».
Hace tan sólo unos días, el banco de España o el panel de expertos que elabora un análisis de coyuntura para la fundación Funcas rebajaron las estimaciones de crecimiento de la economía española. Si el pasado mes de octubre el Gobierno estimaba que crecería el 3,3% este año, ambos informes sitúan la tasa de evolución del PIB para el 2008 en torno al 2,4% y del 2,1% en el 2009.
VUELVE EL FANTASMA DEL PARO
La locomotora se para
Las estimaciones de crecimiento son, entre otras cosas, el termómetro para valorar si habrá más o menos gente trabajando a finales de año y, en consecuencia, si el mercado laboral será lo suficientemente dinámico como para absorber las nuevas incorporaciones. Todo parece indicar que no, y las previsiones apuntan a un aumento de la tasa de desempleo.
«Una de las características de la economía española es que cuando crece -señala Roberto Velasco-, el empleo evoluciona de forma positiva con mucha velocidad. Pero también sucede lo mismo cuando las cosas comienzan a no ir tan bien. En este caso es una consecuencia del elevado número de contratos temporales que existen, que es uno de los primeros resortes de ajuste de las empresas».
El catedrático de la Universidad del País Vasco no comparte la tesis de que cuando vengan realmente mal dadas la población inmigrante será la más afectada, a pesar de que en el corto plazo hayan comenzado a experimentar la pérdida de puestos de trabajo en el sector de la construcción. «Creo -dice Velasco- que sucederá justo al revés. Son los que van a resistir mejor el problema del desempleo, porque también son los que están dispuestos a aceptar los salarios más bajos».
EL CONSUMO
Cuestión de confianza
El aumento experimentado por los tipos de interés ha hecho que las familias tengan menos dinero disponible para otros menesteres, al tiempo que la espiral de desconfianza ha comenzado a imponerse y a animar las restricciones en el gasto. Hacienda ya ha reconocido que los ingresos fiscales de enero registran un recorte del 8,2% en el caso del IVA, muy ligado al consumo. Todo parece indicar que cuando se conozcan los datos de abril la tendencia a la baja se consolidará.
LAS RECETAS
¿Y ahora qué?
El proceso electoral que ha vivido España, probablemente, es la razón fundamental a la que hay que achacar una aparente displicencia en el Gobierno a la hora de adoptar medidas que contribuyan a combatir esa falta de confianza en el futuro y también a 'parchear' algunas de sus consecuencias.
Iranzo cree que los anuncios de rebajas fiscales del PSOE «son buenos, porque pueden contribuir a animar algo el consumo», si bien discrepa de otras medidas «de subsidio». «El nuevo Gobierno no debe caer en la tentación de seguir incrementando el gasto público y de practicar el intervencionismo en la actividad económica». Cree, además, que hay que poner el foco de atención en la mejora de la competitividad.





