El quince de la uva se jugaba el futuro a una carta si bien ya había superado al conjunto navarro en el partido de ida, disputado en La Laboral. En aquella ocasión no logró un marcador amplio, pero sí trabajado. En Pamplona ocurrió algo similar, con la peculiaridad de que los trece puntos los anotó el mismo jugador, Pollo. El fue quien abrió el resultado con un primer y único ensayo y una posterior transformación. Luego llegarían sendos golpes de castigo convertidos, uno en cada tiempo. A pesar de que La Única intentó reaccionar, los logroñeses se marcharon al descanso con un esperanzador 8-10.
Como ya había ocurrido en anteriores enfrentamientos entre ambos, no fue un partido vistoso. La Única suele parar los partidos y crea complicaciones a su rival en el juego a la mano. El Tobepal superó esa barrera hace unas semanas y algo similar ocurrió ayer. Trabajo, insistencia y precaución marcaron la pauta del juego riojano. La próxima semana se medirá al Fénix de Zaragoza en un partido sin trascendencia. Luego llegarán los encuentros de verdad, los decisivos.





