Resulta que su hijo mayor, un muchacho currante aunque algo panoli, no quería oír hablar de boda pese a sus 50 'tacos', mientras sus hermanas menores seguían dando nietos a los felices abuelos. Pero, de un tiempo a esta parte, el primogénito está jugando el papel -tópico donde los haya- de oveja negra de la familia. Y, se preguntarán, ¿qué tiene que ver todo este embrollo con el paro judicial?
Resulta que, inopinadamente, el 'mozo viejo' comenzó a romper la rutina a la que tenía acostumbrada a su parentela: de casa al trabajo/del trabajo a casa. «Algo ocurre», barruntaron sus padres al comprobar que salía los fines de semana y que retiraba de su cartilla de ahorro más dinero de lo conveniente. Más pronto que tarde -siempre hay lenguas caritativas que farfullan más de la cuenta- supieron que el zagal rondaba a una muchacha algo más joven que él, nada mal parecida por cierto, y con la que piensa casarse el próximo junio, y no por la Iglesia.
Resulta que a mis conocidos no les seduce lo más mínimo el plan de boda de su hijo del alma, porque se han enterado -otra vez radio macuto- de que la novia es una inmigrante que trabaja en el servicio doméstico y que sólo va por el dinero.
Resulta que a los abuelos les mantiene en vilo el conflicto de la Justicia porque, si la huelga no se desconvoca, la boda civil quedaría aplazada
Resulta que el Registro Civil no sufre, por ahora, el marasmo del paro, por lo que bodas, nacimientos y defunciones siguen viento en popa.
Mala suerte.











