
El CFE fue firmado en 1990, después del de misiles de alcance intermedio (INF) de 1987. Establecía unos límites por áreas geográficas para la concentración de armamento convencional en el continente. Tuvo gran importancia en su momento, porque alejaba el riesgo de una invasión por tierra de las tropas del Pacto de Varsovia, cuya concentración masiva al otro lado del telón de acero constituía una amenaza para los países aliados, por la vía de los hechos consumados.
La OTAN puso a punto una doctrina para el uso del arma nuclear en primera instancia precisamente por ello. Aún ayer, la OTAN manifestó que el CFE es el eje de la estructura de seguridad en Europa.
El desmembramiento de la URSS y el proceso de convergencia de antiguos miembros del Pacto de Varsovia con la OTAN, fue motivo, desde mediados de la década pasada, para que Rusia cuestionara el Tratado. El general Lebed, tercero en la cúpula del poder ruso por aquel entonces, lo decía en Bruselas ya en 1996: la ampliación de la OTAN (que tardaría aún en materializarse, hasta la entrada de Polonia, Hungría y la República Checha en 1997) vulneraba los supuestos contemplados en el Tratado CFE.
Armamento pesado
Por ello, en 1999 tuvo lugar una primera revisión del Tratado, que mejoró los niveles de disponibilidad rusa de armamento pesado en el Cáucaso. Estados Unidos, sin embargo, contestó el despliegue de Chechenia, que rebasaba lo autorizado, y las desavenencias entre Moscú y la OTAN a cuenta del CFE vienen aflorando periódicamente en reuniones de alto nivel como la de este viernes.
Putin concluyó su intervención ante el Consejo con un «esto tiene que ser justo» y la canciller Merkel, principal abogada de los intereses del Kremlin en Bucarest, tomó el testigo cuando, en su intervención, no dudó en manifestar que «encontraremos alguna solución para superar nuestras diferencias sobre el CFE». Su planteamiento fue secundado por el francés Koutchner y el español Moratinos.
Moscú ha evocado habitualmente el CFE para cuestionar el escudo antimisiles. La OTAN lo ha hecho suyo en esta reunión, pero Putin no quería entrar en el tema, a la espera de la reunión que mantendrá con Bush este fin de semana en su residencia en la ciudad-balneario de Sochi. La oferta norteamericana de hacerlo «transparente» para los rusos fue bien acogida, pero el contencioso dista de estar reglado.
Bush tuvo una intervención emotiva ante el Consejo. Refiriéndose a él y a Putin dijo de ambos que eran «dos viejos caballos de batalla» que se retiraban ya. Le agradeció al presidente ruso «el tiempo pasado juntos» y confirmó que «Rusia no es un enemigo; la guerra fría ha terminado».











