«Hemos demostrado que una reducción del sueño disminuye la segregación de la hormona leptina, -limitadora del apetito-, y aumenta la de la grelina, -inductora de la sensación de hambre-», afirma la doctora en neurociencia del IFN Karine Spiegel.
La carencia de sueño desencadena «verdaderas epidemias de obesidad», e incluso, enfermedades metabólicas como la diabetes, según Spiegel.





