Ahora que reaparece la desaceleración, rebrota 'El cobrador del frac'. «Aquí 'El cobrador del frac', dígame». Al teléfono responde un responsable de la oficina de Bilbao, que se encarga de tramitar las reclamaciones de los acreedores riojanos. Sus cobradores ya no viajan a bordo de un 600, coche inseparable de sus primeras andanzas; al volante de turismos más contemporáneos, surcan las carreteras de La Rioja y visitan a los morosos parapetados tras un arma infalible: su disfraz. «No, no hemos notado que nuestros trabajadores sean reacios a ponerse el frac», explican desde la sede bilbaína. «Saben que cuando se ponen el uniforme, es porque hay un motivo y no tienen sensación de ridículo».
Sus datos son elocuentes: el trabajo de búsqueda y captura de morosos empezó a incrementarse en el segundo semestre del año pasado «y en este 2008 la tendencia continúa», advierten. ¿Sus víctimas? «Bueno, los morosos predominan en la construcción, pero también en la hostelería y en las tiendas minoristas», aclaran. «Sobre todo», prosiguen, «son pequeños empresarios, aunque también hay alguno de los grandes». ¿Con qué efectos? El responsable de la empresa sonríe: «Le puedo asegurar que con el mismo que hace años. Para no vernos de nuevo, prefieren pagar».











