Los españoles hemos moderado nuestro consumo hasta niveles de hace cinco años. Es decir, estamos condenados a practicar la difícil virtud de la austeridad. Los gráficos de evolución de consumo privado se parecen a los dibujos de los espeleólogos. El añorado desertor de la gerencia del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, nos alerta de que si la crisis de liquidez se prolonga, la situación "será complicada". Hay que agradecerle su desinterés, ya que él no va a tener la menor complicación. En su docta opinión, la economía mundial atraviesa el momento más crítico desde 1930, cuando aún no habían llegado nuestros mayores a la maldita conclusión de que la guerra civil era inevitable.
No hay que preguntar qué va a ser de nosotros: unos se verán obligados a practicar la virtud de la austeridad y otros se verán obligados a pronunciar brillantes discursos en el Congreso. La diferencia es que los segundos tendrán digestiones más pesadas. Las vacas flacas del pueblo se han 'escapao' y José Tomás cobra mucho por matarlas. Los otros espadas no tienen valor para lidiarlas y, además, sus estoques ni pinchan ni cortan. Sólo podemos esperar de ellos que sigan en el burladero.





