Esta suerte de empate técnico estaba tan prefigurado y los papeles que lo anotan habían sido tan trabajados por los 'sherpas' (asesores de los jefes políticos en la jerga diplomática) que se puede decir, incluyendo la descontada invitación a Croacia y Albania al ingreso, que todo ha transcurrido según lo previsto.
La decisión del presidente Sarkozy de volver a uncir la defensa francesa a la estructura de mando de la OTAN (con contraprestaciones no bien precisadas) se demorará al menos hasta el año próximo, es una decisión del jefe del Estado francés muy discutida en Francia (y, en su propio partido, la UMP) y, por tanto, un asunto interno galo.
La OTAN de Bucarest, tras haber obtenido con el fin de la guerra fría y la desmembración de la URSS una rotunda victoria sin disparar un tiro, no es la que imaginó en 1949 Dean Acheson, gran secretario de Estado de Truman.
Ha cambiado tanto, sobre todo tras su guerra aérea contra la impotente Serbia, que es hoy una Alianza aparentemente llamada a crecer sin límites tras haber desbordado su objetivo adicional que, como indica su sigla, tenía por escenario el Atlántico Norte.
La prueba es que, con naturalidad, la Alianza Atlántica libra ahora -bajo cobertura de la ISAF y a medias con un ejército americano, bajo cobertura de la 'operación Libertad Duradera'- una guerra en Afganistán, donde no hay un comunista que llevarse a la mira del fusil, pero sí socios de los terroristas que atacaron objetivos americanos en septiembre del 2001.
Esa fecha cambió también el acento de la OTAN, que acudió presurosa en ayuda del socio agredido, pero rehusó en cambio hacerse cargo del desastre iraquí, aunque algunos países integrantes de la OTAN, como la España del Gobierno del Partido Popular o la Italia del Gobierno de Berlusconi sí enviaron contingentes importantes antes de retirarlos mientras veteranos socios de la organización, como Canadá, Alemania o Francia se negaron a hacerlo.
En el encuentro de Bucarest no cabía Irak, por tanto, y los otros asuntos estaban ya bien negociados y acordados. Una cumbre, pues, predecible en sus resultados.












