Desde la pasada primavera del 2007 apenas ha llovido. Los pantanos regionales, en aquella época, estaban incluso por encima del 100% de su capacidad, lo cual nos garantizaba el suministro sin problemas durante varios meses. Sin embargo, los desembalses fueron importantes y se observaron durante todo el verano y otoño caudales en el Iregua y Najerilla importantes. El otoño fue seco también, pero los desembalses continuaron a un ritmo similar a los del verano, viendo los pantanos bajar sus niveles de forma exponencial. El invierno también ha sido muy seco y no se tomó ninguna medida hasta mediados de febrero de este año, en una reunión mantenida en Zaragoza, sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro, a la cual acudió un representante de La Rioja. La medida, al menos en lo referente a la regulación del Iregua, según Diario LA RIOJA, consistió en reducir el desembalse del pantano de Pajares de 1 metro cúbico por segundo a 0,6. Simultáneamente, se aplicaron medidas de restricción para los riegos agrarios en la cuenca, habilitando dos días por semana para tales menesteres. También se recomendó a los habitantes de la cuenca que ahorrasen agua, aunque parques y calles de Logroño, por citar un ejemplo, se han continuado regando igual que siempre. A pesar de esto, el agua seguía fluyendo por el Iregua con abundancia, hasta desembocar en el Ebro, según se comentaba para mantener el caudal de este último río con el fin de dar servicio a aragoneses y catalanes.
El resultado de estas medidas es que los pantanos de La Rioja se encuentran muy bajos (en torno al 33%, según lo publicado en Diario LA RIOJA el 27 de marzo) a pesar de las lluvias y nieves de la última quincena de marzo. El martes día 25 pasé por la cabecera del Iregua y observé cómo buena parte del agua que entraba por la cola del pantano era desembalsada en un gran chorro por la presa, generando un río inmediatamente. A la vez, numerosos regatos y torrenteras nutrían el recién formado río Piqueras hasta el punto en que se junta, en el empalme de Villoslada, con el Iregua, que también aportaba agua abundante. En Varea, ese mismo día, el caudal vertido en el Ebro era importante, mayor que habitualmente. Además, el Ebro creció mucho ese mismo día y pasó de los 600 metros cúbicos por segundo, alertando sobre los potenciales problemas que causaría al nutrirse con las aguas procedentes de Navarra.
Sin alarmismos, porque puede que llueva abundantemente en el futuro, la pregunta que nos hacemos algunos es ¿por qué no cerrar total o casi por completo la llave que permite el desembalse del pantano de Pajares mientras dura el deshielo y cuando el Ebro lleva más agua que la necesaria? Si se mantiene el desembalse de Pajares, no solo se aumenta el riesgo de crecidas en el Ebro sino que perdemos el agua tan necesaria para el verano, sin ningún provecho actual. Al parecer, nadie de las instituciones riojanas me ha podido contestar a estas preguntas pues dicen que estas decisiones se toman en la sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro. Si viene un verano seco, nos acordaremos del agua vertida sin falta; eso sí, mientras tanto, dificultamos las tareas de los agricultores y así nos parece que ya hacemos algo y que se han tomado medidas. De la cuenca del Najerilla, lo siento pero no conozco los detalles como para poder razonar al respecto.





