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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

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El terrorista que viajaba en bicicleta

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El terrorista que viajaba en bicicleta
Ahmed Khalfan Ghailani. / AFP
A sus 34 años Ahmed Khalfan Ghailani es todo un veterano de la galería de los horrores estadounidenses. Dos años en las cárceles secretas de la CIA, dos en la infame prisión de Guantánamo y ahora en el recién inaugurado corredor de la muerte militar, a donde le ha mandado un tribunal especial.

Su carrera comenzó en el 2004, cuando un comando estadounidenses, en cooperación con el ejército paquistaní, le sacó de su casa junto a su mujer y a sus hijos. Desde entonces ha pasado por varias denominaciones, certificadas en origen: terrorista, combatiente enemigo y criminal de guerra.

La primera le llevó hasta un tribunal federal de Nueva York, donde fue acusado de participar en los ataques a la Embajada estadounidense de Tanzania. La segunda le dejó perdido en el limbo de Guantánamo, con otros presos que también pasaron por los campamentos de entrenamiento de Al Qaida en Afganistán. Y la tercera le juzgará por los mismos cargos que la primera, pero sin que los civiles puedan cuestionar los métodos por los que el Gobierno ha obtenido la información inculpatoria.

«La única razón por la que el Gobierno militariza ahora estos actos criminales es para ocultar lo que hacía la CIA en sus interrogatorios bajo el secretismo de las comisiones militares, que permiten el uso de pruebas secretas y evidencias obtenidas a través de la tortura», sostiene Jen Nessel, del grupo Center for Constitutional Rights, que representa a presos de Guantanamo.

Su caso es el segundo para el que estos tribunales militares piden la pena de muerte, después de un acusado de participar en el 11-S.

Ghailani fue, en ocasiones, un terrorista de pacotilla. Dos de los convictos del atentado a las embajadas contaron que había sido designado como experto en explosivos y encargado de la misión de obtener componentes para las bombas, pero como no sabía conducir tenía que transportarlos en su bicicleta, lo que -según los terroristas- complicaba las cosas cada vez que tenía que cargar piezas como tanques de oxígeno o acetileno.

De la bicicleta a la lista de los más buscados del FBI, con una recompensa de cinco millones de dólares. Toda una carrera.
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