Iberdrola prefiere mantener una posición oficial aséptica y un portavoz oficial aseguraba ayer que ni el presidente de la compañía, Ignacio Sánchez Galán ni representantes de la sociedad se han reunido con el presidente de Gas Natural para negociar este asunto. Nada dijeron, sin embargo, respecto a conversaciones con responsables de La Caixa, accionista de referencia de Gas Natural y de Repsol.
A las partes afectadas por esta operación, especialmente a La Caixa -que se convertiría en el accionista de referencia de la compañía resultante- pero también a Gas Natural y a Repsol -que aportaría algunos activos al proceso-, no les basta con el respaldo del vicepresidente. Las experiencias pasadas, especialmente las turbulencias vividas en torno a la pugna por el control de Endesa y a la fracasada opa lanzada por Gas Natural demostraron que Solbes no controlaba la estrategia del Gobierno, que había disensiones internas y que incluso la oficina económica de La Moncloa tenía un enorme poder de influencia sobre la orientación final. Por ello, el proyecto de fusión de Gas Natural e Iberdrola requiere una hoja de ruta de presentación y «sondeo» ante los nuevos responsables del área económica e industrial del abinete de Zapatero.
Los contactos discretos con el Ejecutivo comenzarán, por tanto, a partir del día 10, cuando ya se haya despejado la duda sobre si el presidente opta por la creación de un Ministerio de la Energía o acepta la reclamación del vicepresidente de que este área tan estratégica pase a depender de la cartera de Economía. Todos, pero especialmente La Caixa y Gas Natural quieren evitar que surja una zancadilla en el proceso posterior, que desbarate por tercera vez el intento de unirse a Iberdrola.





