
Los inhibidores funcionan como perturbadores de todas las ondas que actúan en un determinado radio de acción. De esta forma, si los terroristas pretenden accionar una bomba por control remoto, la frecuencia que utilizan queda distorsionada y no logran activar el artefacto explosivo.
El problema es que estos inhibidores pueden barrer a la vez las bandas de radiofrecuencia en las que suelen operar los mandos a distancia de los coches o incluso los que abren las puertas de los garajes. Como quiera que cada vez son más frecuentes estos aparatos de seguridad y también lo son los vehículos que adoptan innovaciones tecnológicas relacionadas con la radiofrecuencia, cada día, en cada ciudad española, en cualquier calle o rotonda se está librando una encarnizada e invisible batalla de ondas que acaba siempre con la derrota del más débil.
Vendedores de coches y mecánicos son muy conscientes de este problema. Alfredo Lecea, responsable del servicio post-venta de Citroën en Logroño, reconoce que no son infrecuentes las llamadas telefónicas de clientes afectados por los inhibidores. «Todas las marcas tienen problemas con sus modelos más nuevos», advierte Lecea. «En el caso de Citroën, el dispositivo afectado suele ser el de arranque. El vehículo cuenta con un sistema antirrobo que incluye un chip dentro de la llave. Cuando un inhibidor perturba la señal del chip lo que pasa es que que el vehículo no se pone en marcha», explica.
La solución, dice Lecea, es «resetear el sistema electrónico» del coche, algo que se consigue de forma eficaz con el simple hecho de desconectar y volver a conectar la batería. Lo que pasa es que no todo el mundo sabe o se atreve a hacerlo. «En ese caso -explica- se puede poner en contacto con 'ayuda en carretera' de Citroën».
Fuentes de la policía comentan que este tipo de contratiempos suceden cuando el coche queda aparcado, por ejemplo, junto a un cuartel de la Guardia Civil, una sede de la Administración, o junto a otro vehículo perteneciente a las fuerzas de seguridad o a alguna personalidad política.
Situación descontrolada
Así es en teoría, pero no en la práctica. El número de inhibidores de frecuencia que existen en cada ciudad es en realidad un enigma, pues la compra-venta clandestina de este tipo de aparatos parece estar descontrolada y es una actividad al alcance de cualquiera en Internet. Los motivos por los que un ciudadano de a pie adquiere un inhibidor son diversos: desde la autoprotección a la eficacia -parece ser que no demostrada- contra los radares de la DGT.
Sea como sea, «el problema existe, va a más y entorpece bastante», confiesa Pedro Peciña, jefe de post-venta de Renault en Logroño. «Hace unos años esto no pasaba porque los mandos funcionaban con rayos infrarrojos, pero ahora casi todos los coches llevan sistema de radiofrecuencia». «En los Renault, el problema es con las puertas, porque se abren mediante una tarjeta. Muchos clientes ya se han aprendido el truco y lo solucionan extrayendo directamente la llave que viene dentro de la tarjeta».
Peciña cuenta que una vez, desde el concesionario de Logroño, se pusieron en contacto con la sede de Renault en Francia y les explicaron todas estas circunstancias. «No se lo creían», explica, «así que mandaron aquí a unos expertos y pudieron comprobarlo personalmente». «Nos dijeron que en Francia nunca pasa nada de esto, supongo que porque no tienen los mismos problemas de terrorismo que aquí y, por eso, a la hora de diseñar los coches no se lo plantean».











