
Los socialistas quieren desprenderse a toda costa de esa imagen de partido dependiente de fuerzas minoritarias, como Esquerra Republicana de Catalunya, que arrastró en la pasada legislatura. Su lema es ahora la palabra «autonomía». Dicen que los 169 escaños logrados en las generales permiten negociar desde una posición muy cómoda. La elección hoy de Bono servirá para escenificarlo. El número dos del PSOE dio por hecho que tanto CiU como PNV votarán en blanco. Y lo asumió con naturalidad.
La situación tiene varias ventajas para los suyos. De un lado, le permite afear la conducta al Partido Popular, que se ha negado a ceder uno de los cuatro puestos que le corresponden en la Mesa con el argumento de que, a diferencia del PSOE, no tiene nada que ofrecer ni tampoco nada que ganar. Blanco se apresuró así a interpretar la decisión del PP como negativa a contribuir al «buen gobierno y la convivencia» de la cámara. «Un indicador -dijo- del talante con el que inicia la legislatura».
Partido conciliador
En la misma jugada, los socialistas se presentan como partido conciliador y amable; lo que debería servir para allanar el camino a futuros entendimientos con los nacionalistas, más allá de la sesión de investidura prevista para la semana próxima. El número dos del partido insistió en que la elección del presidente del Gobierno «no es sino el comienzo de la legislatura». Se trata de un mensaje dirigido especialmente al PNV, que intenta vincular el apoyo a la candidatura de José Luis Rodríguez Zapatero a una salida digna para el 'lehendakari' Ibarretxe, y su 'hoja de ruta'.
Blanco remarcó que los socialistas pueden garantizar por sí solos un Gobierno «claro y estable». En su afán de demostrar que se siente con la sartén por el mango, admitió que buscará la forma de que el próximo Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero tenga el «mayor respaldo posible», pero subrayó que mantendrá inalterable un principio básico que es el de la «fidelidad a los compromisos programáticos» de su partido.
El diputado del PSOE en el Congreso de los Diputados Alfonso Guerra aseguró ayer que él no hubiera elegido a su compañero de partido José Bono como presidente de la cámara baja, si bien precisó que es una decisión de la dirección socialista y que son éstos los que «adquieren la responsabilidad de su elección». «Yo hubiera propuesto a otra persona pero no me toca a mí elegir», insistió.





