La oposición del PP tendrá el mismo discurso e idénticos principios pero defenderá el programa electoral que elaboró para el 9 de marzo con un estilo diferente. Será el cambio de tono el que permitirá lo que pretende Mariano Rajoy: que destaque más su condición de alternativa que de partido opositor. «Yo quiero que cada vez que digamos que 'no' porque tengamos que decir que 'no', estemos diciendo, y así se perciba por la sociedad española, que 'sí'. Quiero control al Gobierno y quiero también hacer visible la alternativa», les dijo a sus directivos.
En un primer análisis sobre los resultados electorales, concluyó que la derrota ha tenido un lado amable porque ahora el PP será «la oposición más fuerte que nunca haya existido en las Cortes democráticas». Aseguró que este «resultado muy digno» implica un crecimiento «desigual» del voto en los distintos territorios, lo que obliga a «reforzar» el partido en algunas circunscripciones.
Rajoy aseveró que todos los estudios demuestran que su partido incrementó sus apoyos electorales el 9 de marzo «a costa del PSOE» y que los socialistas ganaron las elecciones gracias a los votos que perdieron sus socios parlamentarios de la pasada legislatura: ERC, Izquierda Unida, Chunta Aragonesista y Coalición Canaria. Esta conclusión le lleva a plantear la conveniencia de insistir en las mismas ideas y propuestas que incluyó en su programa electoral con un trabajo añadido en las circunscripciones donde el voto al PP ha disminuido.
Rajoy no se considera el culpable de la derrota electoral del 9 e de marzo, por eso volverá a intentar llegar al Gobierno y se presentará como candidato a la reelección en el XVI congreso del PP, los días 20, 21 y 22 de junio próximo. «Si creyera que mi persona ha sido un obstáculo para el triunfo del PP en estas elecciones, no me presentaría a la presidencia del partido», declaró. «Y si no tuviera cien por cien de ilusión, de ganas y de empuje», agregó, tampoco elevaría su candidatura.





