
- ¿Cómo fue exactamente esa llamada?
-Era la una y veinticinco cuando sonó el teléfono. La llamada llegaba desde un móvil. Una voz masculina, me dijo: «Te llamo en nombre de ETA. Hemos puesto una bomba en el cuartel de la Guardia Civil, en un Honda Civic azul. Estallará a las dos de la tarde». A mí no me dio la matrícula, por lo visto a la DYA de Vitoria, sí. Al principio realmente no creí que podía ser un aviso real, pero conforme me lo fue repitiendo me dí cuenta de que no se trataba de una broma. Me dijo: «Te repito: Hemos puesto una bomba en el cuartel de la Guardia Civil».
- ¿Cuál fue su primera reacción?
- Primero llamé a SOS Rioja y ellos se encargaron de llamar al COS de la Guardia Civil. Tuvimos que esperar aquí a ver cómo se iban sucediendo los acontecimientos. Fue muy duro quedarse en el parque hasta que vimos cómo explotaba el artefacto. Nadie nos dijo que se había localizado el coche, pero desde nuestro puesto vimos cómo salía una nube negra en la zona del cuartel. Entonces salimos para la zona afectada.
- ¿Cuál fue su primera sensación al llegar a la zona de la explosión?
- Fue una mezcla de sensaciones. Primero, de inseguridad porque no sabes lo que puede haber en esos pisos. De hecho, había bombonas de butano que de estar llenas hubiesen estallado. Además, en un primer momento tampoco sabíamos si podía haber un segundo artefacto. Cuando vi los primeros destrozos, tuve la sensación de estar en un lugar desconocido. A un incendio estamos acostumbrados, pero a algo como lo que ha pasado en Calahorra es difícil acostumbrarte. Es algo que no habíamos visto nunca, algo difícil de explicar.
- Y a partir de entonces, ¿qué siente cada vez que suena el teléfono?
- No puedes vivir con ese miedo. Esto hay que tomárselo como un trabajo porque si no estás perdido.












