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LA TRIBUNA DE LA RIOJA
Ni mía, ni tuya, ni de nadie
27.03.08 -

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Estamos inmersos, Lunita, en pleno bombardeo mediático en torno a los mil y un efectos postelectorales que se desencadenan justo al día siguiente de unos comicios -tal que, por ejemplo, el hecho de que «todos dicen ganar» (Llamazares aparte), o tal que el arranque de la consabida y desenfrenada carrera por la conjetura o por el vaticinio más madrugador y más sorprendente (carrera que emprenden aquellos que viven de eso sin que ni siquiera se haya cerrado el escrutinio)-. En esta recién culminada cita electoral me ha causado especial desasosiego la valoración de resultados realizada aquí en La Rioja por don Carlos Cuevas (político intuitivo y sutil donde los haya, así como ameno comunicador y eficaz generador de consensos, como es bien sabido). Este «fino estilista» de la derecha regional (¿por qué será que en política el símil pugilístico casi siempre sirve?) se ha despachado con la contundente afirmación de que, a la vista de tales resultados, «La Rioja es del PP».

¿Acabáramos, Luna! ¿Y yo que creía (infeliz de mí) que de lo que se trataba mediante este sufragio era de conformar una nueva mayoría parlamentaria que determinase la Presidencia del Gobierno de la nación! ¿Y va a ser que no! Mira por dónde, según este dirigente conservador, detrás de todo el tinglado electoral se agazapa la disputa por la inscripción de cada territorio en su correspondiente registro de la propiedad y a nombre del partido más votado en cada lugar. Dicho territorio queda, según la rotunda afirmación de Cuevas, de la exclusiva titularidad de esa fuerza política (aquí, casualmente, su propia formación). Ahora me explico la relevancia que se le ha dado en esta campaña a la profesión que ostenta el que fuera candidato a la Presidencia del Gobierno por el Partido Popular. Esta no es otra que la de registrador de la propiedad (Conviene recordar la aparición en campaña -mediante un comunicado bobalicón, clasista y bastante cursi- del mismísimo decano presidente del ente colegial que agrupa al colectivo de los registradores).

Desde siempre he contemplado con ternura la noble fijación que sacude, acuciante y compulsiva, a esa derecha que «gozamos» por aquí (y que no quiero creer que sea la que nos merecemos); esa derecha empecinada en patrimonializar, a costa de lo que sea y como cosa propia, al país entero. Ahora veo claro (gracias a Cuevas) que, cuando se les escapa de las manos la conquista de ese latifundio que les quita el sueño y que se llama España, siempre les queda el recurso de ir conquistándola por parcelas territoriales concretas. Sirva como ejemplo ese concluyente y ultramontano «La Rioja es del PP»
¿Y ná más, oiga!
¿Para qué nos vamos a liar con cuestiones de matiz! En el supuesto caso de que el señor registrador titular de Santa Pola hubiera resultado triunfante el pasado 9 M, España entera sería -siempre según la famosa teoría Cuevas- propiedad del PP ¿Qué mejor oficiante entonces que el registrador Rajoy para legitimar tan apetecida acta de inscripción de dominio?

¿Por qué será, Lunita, que en este momento me viene a la memoria un poema admirable de Agustín García Calvo? Precisamente aquel en que el ilustre profesor y poeta proclama gloriosamente la libertad y la independencia de las mujeres de nuestro tiempo, tan arduamente trabajada y tan pendiente aún de su consolidación definitiva -»Libre te quiero, amiga mía (le viene a decir Agustín a la fémina a la que dirige su poema). Convéncete de que no eres ni de éste, ni de aquél, ni mía, ni de nadie... ¿Ni tuya siquiera!»- ¿Qué sembrado estuvo el gran García Calvo!

Así que, a estas alturas de la cuestión, me pregunto, Luna, si no habrá que ir reclamando para los distintos territorios de la nación un
status
equivalente a aquél que están conquistando para sí las mujeres ¿Tendremos que tomar prestados los versos de García Calvo para ir incorporándolos a los frontispicios de los parlamentos y a los preámbulos de los estatutos de las distintas autonomías de España? ¿Deberemos recordar a los conmilitones de don Carlos Cuevas que Murcia, que Aragón, que Cataluña, que Madrid, que La Rioja... no son ni de éste, ni de aquél, ni mías, ni nuestras, ni de nadie -al igual que pasa con las mujeres-, por mucho que nos hayan otorgado alguna vez sus votos a unos o a otros, o que nos hayan hecho morritos o arrumacos en un momento dado de la historia... o de la vida? Tú misma, Lunita, mi querida socia literaria ¿Eres todavía mía? ¿O ya vas siendo (al modo García Calvo) definitiva y exclusivamente tuya?
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