
Santiago del Valle García, de 52 años, era el sospechoso número uno de la desaparición y muerte de la pequeña Mari Luz Cortés. El 13 de enero, horas después de que se viera por última vez a la niña, salió a escape de Huelva con su mujer. Allegados de la cría ya lo habían señalado con el dedo, habían registrado su casa -situada a 70 metros de la de la pequeña- e incluso robado algunos documentos. En el barrio del Torrejón era 'vox populi' que a la pareja le habían quitado a sus hijos porque él abusó de su niña de cinco años.
El martes fue arrestado cerca de la estación de autobuses de Cuenca, junto a su esposa, Isabel García, y su hermana, que había ido a visitarlos desde Huelva. La pareja, tras varias escalas, como Granada y Sevilla, se había refugiado en la localidad conquense de Pajaroncillo, al calor de un familiar de Isabel. Los funcionarios tenían más que sospechas de que intentaban escapar de nuevo, probablemente con destino a otro país. Comenzaba así una carrera contrarreloj de los investigadores con agentes de la plantilla de Huelva, de Sevilla y de Madrid intentado atar cabos y aclarar qué pasó la lluviosa tarde del 13 de enero.
Los arrestados fueron trasladados a la comisaría de Policía de Cuenca. Allí, ante las evidencias que le presentaron los funcionarios -entre ellas las sólidas pistas ofrecidas por un familiar- Santiago del Valle, que había negado cualquier vinculación con la niña, confesó que estaba obsesionado con la pequeña de cinco años y que la había atraído a su casa prometiéndole un juguete cuando la vio sola en la calle. Explicó que le tocó las nalgas, pero no abusó de ella -Mari Luz no fue agredida sexualmente y sus ropas estaban intactas-; que se le cayó por las escaleras y murió de forma accidental -tenía un golpe en la región occipital, que según la autopsia no le provocó la muerte-, y que luego la llevó hasta la ría onubense y la arrojó al agua, según fuentes de la investigación.
Al parecer, el sospechoso no ha dado detalles de cómo se deshizo del cuerpo ni en qué lugar concreto, si bien todo apunta a que utilizó el coche de su hermana, con la que la pareja vivía desde hacía solo unos meses, para recorrer el kilómetro y medio que separa la barriada del Torrejón de la parte más cercana de la ría.
A partir de aquí, existen varias versiones. Los agentes están convencidos de que Santiago del Valle raptó a la pequeña con fines sexuales, de hecho ha admitido que le realizó tocamientos, como se ha dicho. Están seguros asimismo de que Mari Luz murió cuando estaba con el detenido, pero no creen su versión de que falleció por accidente, dado que el golpe que presentaba en la cabeza no es mortal, según los datos de la autopsia. Aparte de esa contusión la niña tenía una costilla rota. Los forenses, sin llegar a ser concluyentes, señalaron que el agresor se la podría haber fracturado al agarrarla mientras le tapaba la boca y la asfixiaba. La descomposición del rostro, después de que la víctima pasara 54 días sumergida en el agua, ha impedido confirmar ese extremo.
La autopsia no ha aclarado si la niña cayó viva al agua o ya estaba muerta y éste es uno de los extremos pendientes de aclarar por los investigadores. Tenía restos de hojas y fango en el interior de su cuerpo, pero los pulmones estaban deshechos, de ahí que no sea fácil llegar a una certeza.
Pelos y algunas fibras
No fue violada y, por tanto, no había restos biológicos en el cadáver. Sí se han recogido seis u ocho pelos y algunas fibras, cuyos resultados aún no están listos, según confirmaron fuentes de la Comisaría General de Policía Científica. No obstante, el tiempo transcurrido y las condiciones en las que estuvo la niña podrían haber contaminado las muestras. A las puertas de comisaría se concentraron medio centenar de gitanos pidiendo justicia. Hoy se dispondrá un dispositivo de seguridad frente a los juzgados.





