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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 mayo 2008

Cultura

CULTURA
Muere Rafael Azcona, gigante del cine y riojano universal
El escritor y guionista logroñés falleció el lunes a los 81 años y sus restos fueron incinerados ayer

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Rafael Azcona, durante su visita a la exposición que se le dedicó al escritor y guionista de cine en La Casa de la Imagen./L.R.
Fin. El guionista de cine Rafael Azcona escribió el lunes su último párrafo de una vida dedicada al cine, la literatura... y a sus amigos. Tras este último fundido en negro, las salas de cine se quedan vacías de su genialidad y los corazones de sus allegados, huérfanos de su cariño. Este riojano universal murió en Madrid a los 81 años víctima de un cáncer de pulmón y sus restos fueron incinerados ayer en la más estricta intimidad.

El maestro de guionistas estaba siendo tratado de un cáncer de pulmón desde principios de año y él le hizo frente como mejor sabía: la enfermedad no impidió a Azcona, ganador de cinco premios Goya, trabajar en la reescritura de Los ilusos, su ya último proyecto. Murió como vivió, discretamente. Hasta después de su incineración, efectuada ayer, no se supo que había fallecido el lunes en Madrid perdiendo su batalla contra la enfermedad. Ni siquiera pudo recoger la medalla al mérito del Trabajo, que recibió en su nombre Maribel Verdú.

«El mejor guionista de Europa de su generación y el mejor que tenemos en España», en palabras del cineasta Luis García Berlanga, con quien formó una de la parejas de oro de nuestra cinematografía, fue un mago de la sátira y de su pluma, primero, y después de su ordenador, salieron los guiones de El pisito, El cochecito, Plácido,, El verdugo, La escopeta nacional o Belle Epoque, títulos que cubren más de medio siglo de cine doméstico. Como era su deseo y el de su esposa, Susie, al acto de cremación en el cementerio de La Paz, en la localidad madrileña de Alcobendas. sólo asistió su familia -su mujer, sus dos hijos y su hermana y su cuñado-, ni siquiera sus íntimos estuvieron presentes, como confirmaba ayer con la voz entrecortada uno de sus mejores amigos, el director José Luis García Sánchez, con el que trabajó en La corte del faraón, Tranvía a la Malvarrosa, María querida y Martes de carnaval,, uno de 'los esperpentos' de Valle-Inclán que se lanzará en televisión.

«Ha sido un grupo reducidísimo. No hemos ido ni sus compañeros. Ahora hay que hacerle un homenaje. Como no tiene la Medalla de Oro de la Academia, pues sería una buena ocasión para juntarnos, recordarle y beber vino», expresa García Sánchez, para quien Azcona ha sido «una de las personas más importantes que he conocido. Era generoso, inteligente y con sentido del humo,», subrayó. García Sánchez recordaba (informa Colpisa) que el veterano guionista murió escribiendo porque, después de 'los esperpentos', adaptó la novela que José Luis Cuerda ha llevado a fotogramas, Los girasoles ciegos; terminó el guión de una de sus primeras novelas, Los muertos no se tocan, nene; y acababa de reescribir su primera novela, Los ilusos, que se lanzará en breve.

Una fotografía tomada el pasado verano, en Almería, junto a varios de sus amigos, entre los que se encontraba Manolo Gutiérrez Aragón, en la que todos están 'muertos de risa' es la mejor presencia que, para García Sánchez, se puede tener del veterano guionista, que pidió que un notario fuera a su casa para votar el pasado 9 de marzo. «¿Que hermoso! Eso da una idea de la categoría de este señor», apostilla García Sánchez. Ferreri, Saura, Berlanga, Olea, Trueba, Chávarri, Gutiérrez Aragón, Bardem y Fernán Gómez, son sólo algunos de los muchos directores con los que colaboró Azcona, de quien no hay muchas fotos y apariciones públicas, y mucho menos entrevistas -gran parte, concedidas a Diario LA RIOJA, periódico que le entregó el Premio Excelencia en su primera edición, allá por 1995-, aunque en los últimos años este indispensable del cine español parecía haber superado su timidez.

En el mundo del celuloide su nombre siempre se ha dicho con gran cariño hacia la persona y con admiración hacia su obra. Azcona nació en 1926, en Logroño, donde iba a los toros y leía mucho, y a fuerza de leer le dio por escribir, por lo que se fue a Madrid para ver si se ganaba la vida escribiendo. Quiso ser poeta y también novelista -en ese momento todavía no le interesaba el cine-, pero dejó los versos por el humor, lo suyo, aunque antes colaboró en programas de radio y revistas, y ejerció de escribiente en un almacén.

Ya en Madrid, comenzó a colaborar con la revista satírica La Codorniz. «Empecé a escribir cosas divertidas sobre cosas tristes», rememoraba Azcona, que entró en el cine y se quedó cuando sus relatos fueron descubiertos por el director italiano Marco Ferreri, para quien creó El pisito, el primer libreto que escribió, y El cochecito. Pero, según sus palabras, no se consideró guionista hasta Plácido,, de Berlanga. A partir de ese momento, su propia historia es la historia del cine español. Aquí en la tierra como en el cielo.
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