REGIÓN
Viernes de dolor
ETA reaparece en Calahorra y deja un reguero de destrozos en comercios, viviendas, edificios públicos y en el alma de muchos calagurritanos que fueron testigos del atentado
Un hombre muestra su indignación y su dolor minutos después de la deflagración. /S. CARMONA
ETA reapareció en Calahorra y atentó contra el cuartel de la Guardia Civil. Eran las dos del mediodía, acababa de celebrarse la procesión del Silencio y estalló un coche-bomba aparcado en la parte trasera del acuartelamiento. Así lo había anunciado la banda, media hora antes. Las calles General Gallarza y Bebricio (entre las que se ubica el cuartel) estaban acordonadas. En menos de media hora desde la llamada de los terroristas se pudo desalojar a la mayoría de los vecinos de los bloques de pisos colindantes. Otros escucharon la explosión en sus casas, en las que saltaron cristales y se rompieron puertas y ventanas.
La noticia de que la banda terrorista había colocado un artefacto en un vehículo pasó de boca en boca entre los ciudadanos. Sin embargo, se confiaba en que pudiera desactivarse. Finalmente no pudo ser y la ciudad fue presa del pánico. La ciudadanía pobló las calles tras el estallido de la bomba, que se pudo escuchar incluso en otras poblaciones cercanas como Autol, San Adrián y Azagra (Navarra). Las líneas de teléfono se colapsaron y los vecinos desalojados, impotentes y desolados, empezaron a imaginar cómo podían estar sus viviendas. La noticia saltó a los medios nacionales y empezaron a llegar innumerables mensajes de apoyo a un municipio tranquilo en el que por unos instantes dejó de hablarse de la Semana Santa. Todo el mundo preguntaba si había heridos.
Afortunadamente, la explosión no dejó víctimas. Sin embargo, los daños materiales son cuantiosos. Numerosas viviendas, comercios y vehículos han quedado destrozados. Cuarenta familias no pudieron pasar la noche del viernes en sus casas, aunque la cifra de viviendas dañadas pasa el centenar. El bloque más afectado se encuentra ubicado en la esquina de la calle General Gallarza con la travesía de Constitución. Más de uno no pudo reprimir las lágrimas. El cuartel, la guardería del Carmen y el edificio de Hacienda están muy dañados.
El comercio, muy dañado
El comercio también se ha visto bastante perjudicado. La zona comercial afectada corresponde al área comprendida entre Gallarza, Bebricio, Dos de Mayo y Julio César. Cerca de 40 establecimientos han sufrido destrozos en escaparates, puertas, sistemas de seguridad y artículos. Para los calagurritanos, no son una cifra. Es la carnicería de Cayo Sáenz, que abrió hace siete meses en la calle Gallarza. De la tienda sólo quedaron unos cuantos jamones, entre escombros y metralla. Es también la tienda de ropa Romanos. Hace una semana había reformado la entrada al local y hoy está destrozada. Es la 'Panadera', donde muchos compran el pan, pastas para el desayuno y toman café. Es el punto de venta de la ONCE de José Escorza. En febrero había dado un premio gordo. Más adelante, una inmobiliaria y la librería Escobés. Horas antes varios ciudadanos habían comprado el periódico. La perfumería, el supermercado, la tienda de muebles, de toallas, de deportes... y así las decenas de comercios que han quedado marcados por el atentado. Es pronto para cuantificar las pérdidas económicas pero da vértigo pensar en ello.
El parte de heridos habla de quince personas atendidas entre el centro de salud, la Fundación Hospital de Calahorra y el hospital de campaña instalado por los efectivos de Cruz Roja. La mayoría de ellos fueron leves y necesitaron atención por cortes de cristales y crisis de ansiedad. Entre los afectados hubo un guardia civil que sufrió una contractura lumbar y de la que se recupera con normalidad.
La noticia de que la banda terrorista había colocado un artefacto en un vehículo pasó de boca en boca entre los ciudadanos. Sin embargo, se confiaba en que pudiera desactivarse. Finalmente no pudo ser y la ciudad fue presa del pánico. La ciudadanía pobló las calles tras el estallido de la bomba, que se pudo escuchar incluso en otras poblaciones cercanas como Autol, San Adrián y Azagra (Navarra). Las líneas de teléfono se colapsaron y los vecinos desalojados, impotentes y desolados, empezaron a imaginar cómo podían estar sus viviendas. La noticia saltó a los medios nacionales y empezaron a llegar innumerables mensajes de apoyo a un municipio tranquilo en el que por unos instantes dejó de hablarse de la Semana Santa. Todo el mundo preguntaba si había heridos.
Afortunadamente, la explosión no dejó víctimas. Sin embargo, los daños materiales son cuantiosos. Numerosas viviendas, comercios y vehículos han quedado destrozados. Cuarenta familias no pudieron pasar la noche del viernes en sus casas, aunque la cifra de viviendas dañadas pasa el centenar. El bloque más afectado se encuentra ubicado en la esquina de la calle General Gallarza con la travesía de Constitución. Más de uno no pudo reprimir las lágrimas. El cuartel, la guardería del Carmen y el edificio de Hacienda están muy dañados.
El comercio, muy dañado
El comercio también se ha visto bastante perjudicado. La zona comercial afectada corresponde al área comprendida entre Gallarza, Bebricio, Dos de Mayo y Julio César. Cerca de 40 establecimientos han sufrido destrozos en escaparates, puertas, sistemas de seguridad y artículos. Para los calagurritanos, no son una cifra. Es la carnicería de Cayo Sáenz, que abrió hace siete meses en la calle Gallarza. De la tienda sólo quedaron unos cuantos jamones, entre escombros y metralla. Es también la tienda de ropa Romanos. Hace una semana había reformado la entrada al local y hoy está destrozada. Es la 'Panadera', donde muchos compran el pan, pastas para el desayuno y toman café. Es el punto de venta de la ONCE de José Escorza. En febrero había dado un premio gordo. Más adelante, una inmobiliaria y la librería Escobés. Horas antes varios ciudadanos habían comprado el periódico. La perfumería, el supermercado, la tienda de muebles, de toallas, de deportes... y así las decenas de comercios que han quedado marcados por el atentado. Es pronto para cuantificar las pérdidas económicas pero da vértigo pensar en ello.
El parte de heridos habla de quince personas atendidas entre el centro de salud, la Fundación Hospital de Calahorra y el hospital de campaña instalado por los efectivos de Cruz Roja. La mayoría de ellos fueron leves y necesitaron atención por cortes de cristales y crisis de ansiedad. Entre los afectados hubo un guardia civil que sufrió una contractura lumbar y de la que se recupera con normalidad.















