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RSS | ed. impresa | Regístrate | 5 julio 2008

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CALAHORRA
Una de borregos
Cada jueves y viernes santos, decenas de calagurritanos apuestan a 'buenas' y 'malas' en el juego de 'los borregos'
21.03.08 -

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Una de borregos
Sobrevivió al real, a las dos Españas, a la muerte de la peseta y, si nada lo impide, hará lo mismo con el euro. Se desconoce su origen, cómo surgió la idea de ponerlo en marcha por primera vez e incluso cómo es posible que lograse sobrevivir al Régimen, que no se atrevió a prohibirlo tácitamente y eso permitió que pudiese sobrevivir a la historia.

El de 'los Borregos' es, como su nombre indica, un juego que ha logrado pervivir, fundamentalmente, porque cada año, sin fallar uno, decenas de hombres siguen la senda que les lleva hasta el salón de juegos donde se celebra, sólo llevados por el impulso de jugarse, en dos días, todo el dinero que otros muchos no serían capaces de ahorrar en un año entero. O, al menos, así lo cuentan las 'malas lenguas'. Porque, en realidad, saber a ciencia cierta cuánto dinero puede llegar a viajar de mano en mano en una noche, no se sabe. No todos los que acuden, eso sí, se juegan las mismas supuestas cantidades ingentes de dinero. Más bien, la mayoría arriesga poco y en cuadrilla. Lo suficiente para garantizar la emoción mientras dure la noche.

Dicen también que en 'los borregos' los que se juegan de verdad el dinero son casi siempre los mismos. Parece ser que para ganar tirando las bolas, hace falta ser conocedor de la técnica.

Par o impar

El juego se desarrolla sobre una mesa de billar, con un agujero en un extremo hacia el que hay que apuntar, para depositar una cantidad determinada de bolas. El fallo o acierto no depende de cuántas se introduzcan, sino de si son número par o impar. En el primer caso, el jugador habrá ganado. Si las bolas encajadas suman impares, perderá su apuesta y también el turno para tirar.

Pero lo más cuestionado del juego no es lo que se refiere a cuánto se llega a apostar en una noche, sino el hecho de que sólo los hombres tengan derecho a jugar. Las mujeres no pueden acudir ni siquiera como espectadoras.
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