
Existe un derroche económico, energético y ecológico ya que son necesarios cuatro gramos de proteína cereal para conseguir una proteína cárnica. Harvey Diamond, en su libro
Se estima que el 15% de la cantidad de cereal destinado al engorde del ganado pondrían solucionarse problemas en el llamado Tercer Mundo.
Es destacable también la contaminación de las aguas por el estiércol de las granjas sin olvidar que en la actualidad, las carnes están llenas de grasa debido a que los animales son cebados para que engorden cuanto antes con «piensos compuestos». Con todo esto, se puede decir que la disminución de carne o su supresión es verdaderamente positiva para nuestra salud, teniendo en cuenta que la carne no solo lleva carne sino otros elementos más o menos tóxicos y que por costumbre, nos alimentamos con exceso de proteínas y grasas y déficit de otros alimentos realmente imprescindibles. Como consecuencia aumentan los casos reumáticos, de colesterol, gota o infartos, pero todo es sostenible cuando depende de lo económico aunque dañe a nuestra salud y acabamos engañados por una dieta que en nada es favorecedora empezando por nosotros, pasando por países menos favorecidos y acabando, no por ello siendo menos importante, en una cadena de muerte y sufrimiento para millones de animales diariamente. Y todo esto sin cuestionarnos qué ha cambiado con el paso de los años y cómo hemos llegado hasta aquí.
Me había propuesto no citar la palabra vegetariano o vegano, pues parece que supone un rechazo por falta de conocimiento o por una culpa interior que no queremos reconocer, pero lo cierto es que es un modo de vida sano y respetuoso que hoy en día no contribuye un peligro para nuestra salud ni dificultad en la preparación de comidas. La mejoría es casi inmediata en cuanto a depuración de toxinas contenidas en la carne de los animales y con el tiempo, la piel, las digestiones, el equilibrio y la riqueza en verduras y frutas hace aumentar los aportes vitamínicos y con ello el mejor estado de salud y defensa en nuestro interior. Por su puesto este no es el único motivo para los que somos vegetarianos. Sin duda nos hemos informado ya que nadie pondría en peligro su salud, y cuando uno asume su responsabilidad en este planeta con todo aquello que nos rodea comprendiendo sus verdaderas necesidades, se da cuenta que puede optar por una vida donde no pese el maltrato animal, medioambiental y social.
Miramos anuncios de animales vivos y «felices» que parecen estar ahí para satisfacernos, llevando una vida al aire libre y con una «dulce» muerte, orgullosos de alimentarnos. Podemos molestarnos si nos engañan con coche «ecológicos» o cosméticos que realmente no alargan las pestañas, pero no nos preguntamos si el pavo relamente reduce el colesterol (cosa obviamente que no es cierta) o si es tan sano dar a nuestros hijos un paquete de salchichas o una lata de atún con casi más conservantes que alimento necesario. Además existe otra: la vida en espacios mínimos, mutilaciones, entubajes, piensos con alto contenido proteico que destroza sus estómagos, enfermedades de hígado causadas para una mayor cantidad de producto, reclusión con luz programada para cambiar sus ritmos de vida e incrementar así la producción y luego un desfile de muerte en cadena dónde la ansiedad y el dolor están presentes en los últimos momentos de sus tristes vidas.
Sin duda el ser humano tiene ya grandes cosas a su alcance y muchas necesidades creadas a las que no queramos renunciar. Alimentarnos es una necesidad, pero no a tan alto precio moral, con un consumo desmesurado de productos animales sin importarnos si quiera sus vidas sorprendentemente parecidas a las nuestras en instintos básicos y de comportamiento. Todos estamos para sobrevivir en este planeta, nosotros con nuestra capacidad de «inteligencia» hemos pasado a vivir cómodamente olvidando muchos aspectos que en un pasado no tan lejano nos parecían lujos o ni siquiera nos planteábamos ya que vivíamos bien con lo que teníamos. Sólo pido que en este día mundial sin carne, se den la oportunidad de probar a reducir el consumo, de experimentar los nuevos sabores que el paladar descubre, la ligereza, la vitalidad y sobre todo la empatía con los seres sintientes y la armonía con un entorno que está muy próximo a nosotros.
No nos acostumbremos a ver animales muertos, veámoslos vivos, luchando por su supervivencia, como nosotros, cubriendo sus necesidades y formando parte de un mundo en el que sin duda, les ha tocado el peor papel. Un pequeño gesto puede mejorar tu vida y puede salvar las suyas. ¿Por qué no hacerlo?
Que las costumbres no decidan por ti. Piensa. Siente. Vive.






