A pesar de la inconsciencia del mundo rico al respecto, el consumo de carne es un lujo que no sólo supone un atroz sufrimiento para millones y millones de seres sintientes sino que además constituye un lujo que sólo algunos sectores humanos del planeta se pueden permitir a costa de la base alimenticia de muchas sociedades. La mayor parte de los cultivos de cereales y legumbres, que constituyen la dieta básica del ser humano, es destinada a engordar animales de matadero. La obtención de proteínas y nutrientes esenciales animales supone un consumo energético siete veces mayor que el necesario para obtener esas mismas substancias a partir de los vegetales. Según la FAO, se destina a la alimentación de animales de matadero el 70% de la producción agrícola total de planeta (y más de la mitad de la pesca).
Asímismo deberíamos protestar no sólo por la existencia en sí de mataderos, sino también por el abandono legal que sufren estos animales. Los reglamentos destinados a 'dulcificar' la muerte del animal son escasos y su aplicación efectiva es anecdótica. También queremos desenmascarar lo que hay detrás de la caza: apropiación privada y arbitraria de unos pocos de lo que es patrimonio natural; limitación para humanos y otros animales de nuestro derecho al disfrute de la naturaleza libre de armas; exaltación de la muerte y la agresividad; maltrato, abandono sistemático de perros, etc.
Profesora de Filosofía IES Sagasta






