
-¿Es Cuidados Paliativos el final de la cadena sanitaria?
-Lo que pretende es facilitar una asistencia integral a los pacientes terminales en su domicilio. Que sea o no en los momentos finales de su vida depende de la carga de cuidados que precisen. Por ejemplo, a alguien que sufre cáncer y metástasis puede que se le atienda los últimos días y otra persona que padece una tetraplejia llega a pasar años dentro del servicio.
-¿Es de alguna manera una forma de 'sacar' a este tipo de enfermos del hospital?
-Ni mucho menos. El objetivo es tratarlos de forma adecuada en su hogar que es donde más arropados están y, cuando las circunstancias clínicas lo obligan, atenderlos luego en la unidad hospitalaria habilitada para ello.
-¿Qué papel juega la sedación en la labor de Cuidados Paliativos?
-Está prevista como una parte más del tratamiento médico. Un final natural y nada abrupto que se consensúa con la familia cuando así se requiere.
-¿Ha afectado el 'caso Leganés' a este procedimiento en La Rioja?
-Ha afectado en el sentido de que la gente pregunta más en qué consiste, si es necesario, cómo se desarrolla... No hay desconfianza porque como le digo surge de una relación muy estrecha con la familia, pero siempre queda el tema de Leganés de fondo y hay que explicar cada detalle. En aquel caso, lo llamativo era el elevado número de sedaciones y que se practicaran en Urgencias, un servicio en el que suele aplicarse en situaciones extremas pero que no es el lugar 'natural' para realizarlas.
-El doctor Montes afirmaba hace unas semanas en Logroño que no hay un protocolo uniforme.
-Es cierto. Así como en los enfermos oncológicos está más definido el concepto de pronóstico de vida y la conclusión del tratamiento, en el resto de los terminales la propia medicina no define cuál es la raya que delimita el final y su agonía se extiende.











