Dos: el crusaíto. La democrática dictadura de internet es cruel y, sobre todo, tuerta. ¿Quién esperaba que poniendo la elección en manos de la audiencia saldría un cantante fetén? Era previsible que una sociedad que ha reído consecutivamente las gracias del Señor Barragán, Chiquito de la Calzada, Lucas Grijander y hasta de Cañita Brava eligiera a un friki como el Chiquilicuatre. Buenafuente sí que sabe lo que de verdad pone al público.
Tres: el maiquelyason. Al-guien ha amenazado con marcharse de España si nadie lo remedia y este personaje llega a Belgrado. Pues aúpa. Allí donde vaya se encontrará con los irlandeses escandalizados porque un pavo llamado Dustin vaya a representar a su país. También es posible que coincidan con los finlandeses que odian a los monstruosos Lordi y los israelíes que jamás admitieron que un transexual como Dana Internacional fuera en su nombre a Eurovisión. Ahora que me acuerdo, unos ganaron en el 2006 y la otra en 1998.
Cuatro: el robocop. Queda el consuelo de que siempre podría haber sido peor. Incluso mucho peor. En la gala de autos de la que salió triunfante Chiquilicuatre concurrían otros presuntos artistas «serios» como Coral, D-Vine o Guille Milkyway que perpetraron temas de grasienta bizarría. Al menos, la canción del 'Chiki-chiki' uno, tiene ritmo; dos, no engaña a nadie; tres, la chorrada tiene gracia; cuatro, es contagiosa. esaenz@diariolarioja.com












