Porque, mientras aquí andábamos a la greña por un aeropuerto que nos llevase al cielo, ni nos coscábamos que la partida buena se jugaba a ras de tierra. Y ocurrió que, nunca mejor dicho, entre la hiperactividad de nuestros políticos y el perpetuo silencio anuente de los riojanos, nos colaron un aeródromo que inaugurar, que bienvenido sea, a la que se cargaban una plataforma o similar en defensa del ferrocarril. Y con ella, las últimas inquietudes para que el futuro de la región corriese sobre raíles en lugar de entre las nubes; un lugar, las nubes, en donde acostumbran a estar, por lo que se dice, los que ni se enteran de lo que se cuece.
Llegado a Madrid, al centro, me interrogaba a mí mismo sobre la (in)utilidad del rígido transporte aéreo contra la versatilidad del ferroviario. El primero te exige una hora de regalo para pasarla en el aeropuerto, a la ida y al regreso, y con suerte te pide un desnudo semi integral antes de abordar una nave de segunda mano, que hace ruido y, sobre todo, acojona. Y todo para dejarte, pongamos que hablo de Madrid, a treinta minutos del centro en el mejor de los casos.
En el bendito AVE llegas con la untada a la estación justo para abordar el artefacto. Te sonríe un azafato que te invita a merendar, que te regala la prensa -¿La Rioja, diario, existe, Renfe?- y a la que te despiertas a 300 por hora de vellón estás llegando a destino, pongamos que hablo de Madrid, al mismísimo centro de la capital.
Se me ocurrió para el 'Segundamano': «Autonomía uniprovincial cambia aeropuerto de tercera por Alta Velocidad». jadelrio@diariolarioja.com











