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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 octubre 2008

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Isaías fue profeta en su barrio
El colegio electoral donde votaba la última víctima de ETA pulverizó la cota de participación del territorio. A las tres habían acudido a las urnas más de la mitad de los vecinos inscritos en el censo
10.03.08 -

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Isaías fue profeta en su barrio
FIRME COMPROMISO. Maria Angeles Romero, viuda de Isaías Carrasco, acudió a votar temprano al colegio electoral de Bedoñabe. / AP
La jornada electoral que vivió ayer la localidad guipuzcoana de Mondragón tenía mucho de baza moral. El día amaneció plomizo y las ráfagas de lluvia no tardaron en teñir de gris un paisaje ya de por sí hundido en la tristeza desde el pasado viernes. La atmósfera se ralentizaba veinte kilómetros atrás, nada más dejar la autopista de San Sebastián para adentrarse en ese corredor imposible de curvas y viaductos que es la AP-1 y que lleva a preguntarse la mitad del tiempo qué hace el limpiaparabrisas encendido en medio de unos túneles que son como largos tubos de laboratorio. La cinta de asfalto acaba de manera abrupta en el peaje donde trabajaba Isaías Carrasco, muerto a manos de un pistolero de la banda terrorista ETA el pasado lunes y convertido contra su voluntad en protagonista de la jornada. «Sí, le conocía. Yo hago sustituciones y no coincidíamos mucho, pero en cuanto acabe el turno, me voy a votar», relataba un operario de Bidelan, la empresa que explota la carretera.

No era el único en hacer esa asociación de ideas. La llamada a las urnas efectuada la víspera por Sandra, la hija mayor de Isaías, para que ejerciera su derecho al voto todo aquel que quisiera solidarizarse con su familia, surtió efecto. Al menos en San Andrés, el barrio obrero en el que vive la familia y que domina la escuela pública Bedoñabe, uno de los cinco colegios electorales que hay repartidos en Mondragón pero hacia el que se dirigían todas las miradas desde primera hora de la mañana. A sus pies, la calle Navas de Tolosa, donde Isaías fue tiroteado, alfombrada de rosas rojas y cirios a medio consumir.

Desde las nueve, el aula de psicomotricidad de la segunda planta fue un incesante ir y venir de vecinos. De vecinos y de periodistas, apostados frente a la mesa electoral a la espera de que llegase la hija mayor del asesinado, y que al final fueron desalojados para preservar la intimidad de la joven. Su madre se le había adelantado y después de mediodía fue la abuela paterna quien cumplió con el compromiso, elevado ayer a la categoría de precepto religioso. A las tres de la tarde, más de la mitad del censo había pasado ya por las urnas, y al término de la jornada la participación en este colegio rondaba el 70%, una media similar a la de las anteriores Elecciones Generales, todo un logro en un territorio donde ayer la abstención aumentó casi trece puntos puntos, parecido porcentaje al que cosechó el voto nulo que propugnaba ANV hace cuatro años.

El PSE arrasó en Mondragón. «Ya lo esperábamos, porque es un barrio donde hay mucho inmigrante y en el que residía Isaías», comentaban Antonio y Conchita, apoderados del PP que reconocían sin tapujos el avance incontestable de los socialistas. «Si es que estamos a cien metros de donde le han tiroteado», decían.

A sus 86 años, a Nati no le tapa la boca nadie. «A mi edad tengo muy poco que perder y ningún problema en decir lo que me parece. Lo que han hecho con esa familia es terrible. Dios se llevó a mi marido hace cinco meses y estoy que no vivo. Pero que alguien te quite a tu esposo, a tu padre, así, de tres disparos... ¿cómo lo van a soportar!» Apoyada en su hija, las dos rotas por el dolor, ambas mujeres abandonaban ayer el colegio público Bedoñabe. Conocen desde siempre a la familia de Isaías Carrasco, más que un vecino, «una persona buenísima». Si votar es un derecho, hacerlo ayer era para ellas una obligación irrenunciable. «Lo he hecho siempre que nos han dejado y moriré haciéndolo, tal y como me enseñó mi padre», exclamaba la anciana con un latigazo de dignidad.

«Es que no queda otra»

No era la única en pensar así. Aneudis, un joven dominicano, era la primera vez que votaba en España y no estaba dispuesto a desaprovechar la oportunidad -«¿Cómo que por qué? Porque hay que votar»-; o Xuko, que no ha dejado de hacerlo nunca -«Tenía el voto preparado antes del asesinato, pero sí es cierto que a la gente se la ve más motivada»-.

Abundaban, no obstante, los que preferían no dar siquiera el nombre de pila, como el jubilado que clamaba ya con un pie en la calle que «hay que votar siempre, pero a la vista de lo que ha pasado, es que no queda otra».

Afuera, las calles que salen del barrio de San Andrés y conducen al centro del pueblo estaban empapelados de propaganda llamando a la abstención, un mar de pasquines del que asomaban dos o tres cabinas telefónicas con un Zapatero amordazado con la leyenda 'faxista' y un pie de foto en el que se podía leer 'Vota con todas tus fuerzas'.

Ayer, como cualquier otro domingo, la gente poteaba junto a la plaza del Ayuntamiento, mientras en la iglesia de San Juan el cura invitaba a los que querían participar en la romería por la paz de Arantzazu a hacerse con los tiques del autobús en una perfumería. «No oirás a nadie hablar de lo que ha ocurrido, así nadie se complica la vida», comentaba Josefa acodada en el mostrador de su bar. Por la ventana abierta de un piso particular, un radiocasette a todo gas derramaba por la calle puro Melendi, cuando canta aquello de que «mientras nos queden piedras, lo que nos sobra es valor». En Mondragón, ayer, fueron más lo que pensaron que es tiempo de cambiar las piedras por votos.
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