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RSS | ed. impresa | Regístrate | 6 julio 2008

España

ESPAÑA
Los comandos etarras se entrenan desde hace meses para disparar en la nuca
Desde el doble crimen de Capbreton, la muerte de Isaías Carrasco es el primer atentado en el que la organización no emplea explosivos. La debilidad lleva a la banda a buscar a las víctimas más desprotegidas

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Los comandos etarras se entrenan desde hace meses para disparar en la nuca
Miembros de la 'Ertzaintza' observan los impactos de las balas que mataron a Carrasco. / J. ETXEZARRETA-EFE
Era uno de los objetivos ansiados por la banda desde la ruptura del alto el fuego. El tiro en la nuca supone el regreso de ETA a una de sus etapas más despiadadas y selectivas, una vuelta a los peores tiempos del terrorismo en Euskadi. Así lo sospechaban desde hace tiempo las fuerzas de seguridad. Todos los indicios que obraban en su poder indicaban que la banda tenía entre sus planes materializar una acción como la que ayer acabó con la vida de Isaías Carrasco. Según estas fuentes, la debilidad de la organización terrorista había impedido que se convirtiera en realidad antes. Hasta ayer. Para cumplir su deseo, los terroristas buscaron la víctima más débil y desprotegida.

Los presagios habían sido constantes en los últimos meses. En mayo del año pasado, ETA difundió un video entre sus fieles en el País Vasco en el que se veía a cinco miembros de la banda mientras entrenaban en un bosque. En una secuencia, uno de los encapuchados disparaba a una diana, que simulaba ser la nuca de una persona, y luego se agachaba para disparar al suelo, en un gesto que se interpretó como el que realiza un terrorista cuando remata a su víctima.

Para los expertos, aquella cinta había sido distribuida como elemento de propaganda, pero las imágenes desprendían una tremenda radicalización. El tono que emanaban las imágenes era similar al de los etarras que en septiembre de 2006 aparecieron en un acto de la izquierda abertzale en el monte Aritxulegi. Los terroristas, encapuchados y con fusiles de asalto en las manos, declararon entonces. «Tenemos la sangre preparada para darla (por Euskal Herria)». No es casual que el video de ETA comenzase con las imágenes de Aritxulegi.

La siguiente evidencia de los entrenamientos de la banda se obtuvo en Capbreton. El 1 de diciembre, tres terroristas asesinaron en la citada localidad francesa a los guardias civiles Raúl Centeno y Fernando Trapero. En el coche de los dos detenidos por el crimen, Saioa Sánchez y Asier Bengoa, se encontraron 142 casquillos del calibre nueve milímetros y una pequeña diana de fabricación casera. Los expertos están convencidos de que los dos etarras habían hecho prácticas de tiro antes de cometer el crimen en los bosques de Las Landas. Prácticas de tiro como las que se habían visto en el video de mayo.

En el caso de Capbreton, la nueva radicalidad etarra se mostró con toda su crudeza. Los terroristas dieron el salto cualitativo de cometer un asesinato en Francia -aunque fuera de agentes españoles- y, en un comunicado posterior, anunciaron que seguirían intentando matar a policías españoles en suelo galo. Un desafío en toda regla a Francia.

El pasado 29 de febrero, la banda volvía a mostrar su radicalidad. En el comunicado en el que pedía la abstención para las elecciones de mañana, apostaba por que se responda «de la misma forma que hace treinta años». Es decir, los momentos en los que ETA estaba más activa y cometía asesinatos casi de forma diaria.

Pero, hasta ayer, las declaraciones etarras no han estado a la par de la actuación de sus comandos. Antes de asesinar a Isaías Carrasco había matado en el aeropuerto de Madrid a los ciudadanos ecuatorianos Diego Armando Estacio y Alberto Palate. El atentado que rompió la tregua fue un ataque sin precedentes, ya que la tregua seguía en vigor y no se había anunciado ningún tipo de fin del alto el fuego. Más tarde, una vez declarado de manera oficial el fin de alto el fuego, la banda intentó introducir en España una serie de coches bomba que fueron interceptados en Ayamonte, Castellón y la frontera franconavarra. Los intentos de la banda de instalarse en Santander fueron interceptados por las fuerzas de seguridad. En septiembre se desmanteló en Cahors la célula encargada de pasar a España los coches bomba y en enero, los miembros encargados de colocarlos -el comando Elurra- fueron detenidos por la Guardia Civil en Mondragón, cuando iban a a recibir dos armas ocultas en un monte. En ese contexto, la actuación etarra se basaba en el 'comando Vizcaya', un grupo de cuya existencia se supo en agosto, cuando intentaron volar el cuartel de la Guardia Civil de Durango.

'Comando Vizcaya'

En distintos medios se especulaba el viernes con la posibilidad de que los autores del asesinato sean los miembros del 'comando Vizcaya', aunque apenas hay indicios para sostener esa teoría. La descripción del terrorista -un joven alto y delgado- se podría corresponder con la de Jurdan Martitegi -de 1,94 metros de altura-, quien en noviembre se encontraba en la citada célula. Este grupo ha actuado tanto en Vizcaya como en Guipúzcoa y se sabe que han alquilado vehículos en Ermua y robado una furgoneta en Elgoibar, cerca de Mondragón. La Ertzaintza está convencida de que el grupo cuenta con un taller para fabricar bombas y el hecho de que el 'Seat Córdoba' empleado en el crimen de ayer no haya aparecido indica que pueden tener un garaje para esconderlo.

Todos los atentados cometidos en esas fechas han sido perpetrados con explosivos, incluido el intento de matar en octubre al escolta Gabriel Ginés en Bilbao con una bomba lapa. Según los expertos, la banda prefería no arriesgarse y utilizar bombas, ya que no implica el enfrentamiento directo, permite asegurarse la huida con mucha antelación y el riesgo para los comandos es mínimo. Además, la sangre fría necesaria para cometer un atentado de esas características no es habitual en las últimas hornadas procedentes de la 'kale borroka'.

La elección de Carrasco como víctima, no obstante, revela que ETA sigue obsesionada con la seguridad. Los etarras buscaron a una persona sin escolta y que repetía sus rutinas para acudir al trabajo. Por otra parte, los responsables de Interior se pueden encontrar con un problema de difícil solución, como es el de las personas que, pese a saberse amenazadas, han rechazado de manera expresa el llevar escolta. En esos casos, en el que se encontraba Isaías Carrasco, es imposible imponer por la fuerza la protección.
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