
Carrasco, de 46 años, estaba casado, tenía dos hijas jóvenes, de 20 y 15 años, y un niño pequeño, de apenas 4, y era una persona muy conocida en la localidad, entre otras cosas, por su trabajo como cobrador en el peaje de la autopista AP-1 en la vecina localidad de Bergara, desde hace unos cuatro años.
Militante de base del PSE/EE, compatibilizaba su compromiso político con el sindical, que desarrollaba en las filas de la UGT. Mientras ejerció como concejal, en la pasada legislatura, Carrasco se vio obligado a acudir a trabajar acompañado de su escolta, quien aguardaba en la cabina del peaje junto a él, tal y como recuerdan algunos de sus vecinos. Antes había trabajado en una empresa con su padre, ya fallecido, y posteriormente en el sector de la construcción, según relatan vecinos de Arrasate.
Gran aficionado al fútbol, había sido entrenador de un equipo de futbito y había jugado también en el conjunto de su barrio. Su actividad política se limitó únicamente a la pasada legislatura, cuando resultó elegido concejal al ocupar el quinto puesto de la candidatura socialista, que obtuvo cinco concejales en unos comicios en los que la izquierda 'abertzale' no concurrió, debido a la ilegalización de Batasuna.
El pasado año renovó su compromiso con los socialistas vascos y volvió a integrar la lista del PSE/EE de Arrasate, esta vez en el sexto lugar, pero se quedó fuera del Ayuntamiento ya que su partido logró tres ediles, una disminución de fuerza provocada por el regreso al consistorio de la izquierda 'abertzale' bajo la sigla de ANV. En la actualidad no desempeñaba ningún cargo político, pese a lo que el PSE/EE le ofreció continuar con su servicio de escolta, a lo que Carrasco renunció.












