
Como indica CCOO-Rioja en el informe que elabora anualmente para radiografiar la situación de las mujeres, asistimos a una profunda reestructuración de la economía con importantes cambios en la organización del trabajo y la presencia en él de colectivos hasta ahora minoritarios como es del caso de la mujer. Sin embargo, esa progresiva ascensión hacia la igualdad sigue lastrada por un sinfín de obstáculos.
El mapa general arroja un sector primario en el que el trabajo es estable, cualificado y sindicalmente activo y que se encuentra mayoritariamente ocupado por hombres. Por otro lado, el sector secundario, caracterizado por la precariedad, escasa cualificación y débil sindicación, es el que ocupa al grueso de la población femenina, de forma que la oferta de trabajo para las mujeres de 'reserva' y se hace efectiva sólo cuando la coyuntura económica así lo requiere.
Pero las sombras no se quedan ahí. Se extienden más lejos. A aspectos como la disminución de la fecundidad ante la imposibilidad en muchos casos de poder compatibilizar la maternidad con el trabajo y el aumento de los índices de acoso moral y sexual en el trabajo. Un terreno éste último en el que la mujer, una vez más, sigue llevándose la peor parte.
Sin embargo, de todos los ángulos desde el que se puede observar la situación de la mujer es el de la violencia de género el más cruento. Según CCOO, desde 1999 los malos tratos a mujeres han crecido en La Rioja el 342% y sólo en el 2007 se produjeron 429 delitos de violencia doméstica. Algo debe cambiar. Y pronto. Ya.












