
El ambiente fallero inundaba de un familiar olor a pólvora el recinto taurino y sus aledaños atestados de gente cuando lenguas de fuegos ascendían como una corona para poner el broche de oro al acto político más vistoso de la campaña del PP. Así fue como Mariano Rajoy y la cúpula de su partido en Valencia celebró, por anticipado, la deseada victoria electoral. «Trabajamos para que la gente sea feliz», les había dicho el candidato antes de concluir su intervencióncon un «Le conviene a España que yo gane las elecciones», afirmó.
El candidato optó por humanizar su mensaje y empleó un formato novedoso para su discurso, que improvisó, micrófono en mano, rodeado de un grupo de chicas a las que dejó intervenir en varias ocasiones.
Los publicistas del PP se han apresurado a diseñar unas camisetas con el lema 'Soy la niña de Rajoy', que lucían ayer un grupo de niñas que rodearon al candidato en el mitin de Valencia. En un nuevo rizar el rizo, el candidato explicó después a los periodistas en Valencia que la tan mentada infante se llama «Victoria Esperanza. Victoria de Victoria y Esperanza de Victoria».
La mejor campaña
Optimista pero todavía con los pies en la tierra, el candidato 'popular' se mostró cauto ante los periodistas de la caravana electoral. «Estamos en empate a cero», resumió con su habitual costumbre de simplificar la realidad en resultados deportivos, aunque confía en que la campaña haya logrado cambiar el voto de un porcentaje superior al 2%.
«Economía, economía y economía» es su manía casi obsesiva en este final de campaña y se apoya en los estudios demoscópicos para hacerlo porque asegura que sus gurús electorales han visto claro que hay una amplia mayoría potencial de votantes porque precisamente ésa es la cantidad de españoles que piensan que están peor que hace cuatro años.











