CD LOGROÑÉS 1 - PEÑA SPORT 0
Al Logroñés ayer le valía con ganar. Ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Ya lo dijo Luis Aragonés. Y por algo, aunque a veces no lo parezca, le llaman sabio. Porque encima enfrente tenía al colista que juega con la tranquilidad del que no tiene nada que perder. Tan sólo el orgullo. Pero en eso también ganaba el Logroñés. La plantilla blanquirroja es un grupo humano herido, del que brota la sangre de quien ve cómo no le dan lo prometido. Que es deuda.
Los blanquirrojos no saltaron cómodos al césped de Las Gaunas. Puede ser que sus pies estuvieran allí, sobre la hierba, pero sus cabezas aún no hubieran salido del remolino protagonizado durante los últimos siete días. Lo cierto es que esos nervios, esa inseguridad, esa desconexión del partido benefició a la Peña Sport, que vio ante sí un partido más cómodo de lo que podía imaginar. Los navarros, que tampoco se iban a lanzar sin paracaídas a por la victoria, veían pasar los minutos mientras el Logroñés se palpaba a sí mismo, buscándose.
El principal peligro llegó, como casi siempre, por el flanco derecho, de las botas de Santamaría. El malagueño, además de buen jugador, no duda en echarse el peso del equipo a la espalda. Puede estar más o menos acertado, pero sin él el equipo perdería un arma. Y no están las cosas como para ir por los campos jugándote el cuello a pecho descubierto.
Pero sólo con eso no es suficiente. Sobre todo cuando el equipo entero falló ayer balones fáciles, de los imperdonables, cuando el estado anímico está al 100%. Zeki, Candelas, Raúl García, Tomi, Ubis... Es difícil señalar a un jugador que no cometiera un error de este tipo. En el lado contrario estuvo Jaume. El capitán ejerció como tal y habló donde mejor se le da, en el campo. Con lanza y escudo ocupó la parcela ancha, a veces taponando incluso zonas que no eran suyas.
Mal juego
El partido fue malo en líneas generales. Más activo en la segunda parte, sí. Pero igual de impreciso e inconexo. Hasta que en el minuto 61 un escalofrío recorrió el cuerpo de Las Gaunas. Arizcuren controló solo ante Stef, después de un fuera de juego mal tirado por parte de la defensa blanquirroja. Y unos milagrosos centímetros cúbicos de humedad salvaron al Logroñés, porque Arizcuren, inexplicablemente, se resbaló y no pudo batir a Stef.
Luego, sucedió lo que tenía que suceder. El fútbol no suele perdonar y castiga a los que fallan. Candelas colgó una falta y, sobre el área, libre de marca, emergió la cabeza de Raúl García para rematar a gol. Lógico: los navarros habían dejado solo al más alto del Logroñés. Abra la puerta a los ladrones y verá lo que sucede.
Poco más sucedió de ahí al final. La Peña Sport siguió confiando su suerte a algún contragolpe. Y Raúl tuvo una ocasión, pero Stef apareció para salvar a su equipo. El portero rumano se apunta otra intervención providencial.
En condiciones normales, el partido de ayer hubiera sido un empate a cero. Sin grandes ocasiones ni buen juego. Pero las condiciones no son normales. Los jugadores del Logroñés salen victoriosos en el campo de la, hasta ahora, semana más complicada de la temporada. Perdieron su especie de órdago ante Hortelano, al mismo tiempo que planteaban un nuevo compromiso: luchar hasta el final por salvar la categoría. Y ayer cumplieron. Lograron los tres puntos. Lo justo sería que cumpla quien hasta ahora no lo ha hecho con ellos.








