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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 16 mayo 2012

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La jornada de Ana
Ana León defiende la jornada partida porque facilita las relaciones sociales de su hija, alumna del colegio Bretón

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La jornada de Ana
Abril comparte merienda y juegos en el parque de Los Tilos con otros compañeros. /ENRIQUE DEL RÍO
Ana León es partidaria de la jornada partida y así continuará cursando los estudios su hija pequeña, Abril (de 4 años), en el colegio Bretón de los Herreros. Curiosamente, su hija mayor, Amal, es alumna del IES Hermanos D'Elhúyar, donde la jornada es continua. Para cuando Amal llega a casa, el resto de la familia ya ha comido. «Ella lo hace sola y, a día de hoy, no ha cogido ritmo de comer porque llega muy tarde y sin hambre, y hay que obligarle», lamenta su madre.

Este detalle demuestra la importancia que en casa de Ana León dan a la alimentación y a la vida familiar, y eso que el ritmo cotidiano no lo pone fácil, ni siquiera sus circunstancias personales. «No puedo trabajar fuera de casa» -dice-, porque su madre, afectada de alzheimer, vive con ellos y requiere una estrecha atención.

Cada día, esta joven madre de familia amanece a las 7.55 horas, prepara un completo desayuno y viste a la pequeña de la familia y a la abuela, para que luego su marido, Antonio, las lleve al colegio y al centro de día, respectivamente. Esto sucede a las 9.00 horas, el momento del día más relajado para Ana León. «Me siento en la cocina y escucho un poco la radio, fumo un cigarro y tomo el café tranquilamente, sin hacer nada. Es el único rato que realmente es para mí». Tras él, se embarca en las compras y las labores domésticas, para luego ir a recoger a su benjamina al colegio a las 12.30 y, media hora después, a su madre.

De vuelta a casa, comen todos juntos (excepto Amal) y prepara a Abril para regresar con ella al colegio (15.00). Al volver a casa, «me tomo el café con Antonio y charlamos un rato, hago la merienda de la pequeña y, con mi madre, regreso al colegio a por ella». A partir de las 16.30, sus tardes (si no llueve) transcurren en el vecino parque de Los Tilos. Y de ahí, a casa, donde las tres juegan, dibujan, pintan, «A las 20.30 solemos cenar y sobre las 21.30 o 21.45 están en la cama», explica.

Pendiente de una chica

Ana León lleva semana y media sin la chica que le echaba una mano en las labores de casa, y lo nota. «Estoy pendiente de coger a otra porque, con mi madre en casa, no puedo dejarla sola mucho rato». Con su marido cuenta al cien por cien los fines de semana, aunque menos de lo que quisiera entre semana. Eso sí, ambos prefieren la jornada partida para su hija Abril, aunque la pequeña sea la más reacia a este horario. «Yo estaría mucho mejor sentada en el sofá», suele comentar a su madre después de comer.
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