
Lo dijo Ovidio: «Doneo eris felix muitos numerabis amicos», «Mientras seas feliz tendrás muchos amigos», con lo que lógica resultaba la mutua satisfacción del aforo.
Feliz, Mariano Esteban, arquitecto de carrera y amable director de Riojafórum. Y feliz, Mónica Figuerola. Tan satisfecho como ellos vimos al pintor riojalteño José Uríszar. Y también a José Luis González, de Bodegas Bilbaínas, productora del cava riojano servido a la concurrencia por ser el primer espectáculo de la temporada.
Dulce Pontes comenzó con una suave y cadenciosa frase musical al piano. Pronto el público intuyó la dulzura y la fuerza interpretativa de la genial portuguesa y aplaudió. Aplaudió Jorge Albájar, director general de Caja Rioja, y aplaudieron tantas otras conocidas y reconocidas gentes del mundo de las ideas y de la cultura entre los que se hallaban los arquitectos y magistrales escenógrafos sobre escenarios nacionales Antonio del Castillo y Ana Achiaga, el director de Diario LA RIOJA, José Luis Prusén, y su esposa, Isabel Pérez.
También Luis Alegre, José Ignacio Nieto, Cristina Salinas, Alberto Vidal, el aparejador Luis García do Barro, Mercedes Marijuan, Ana Ponce de León, Teresa Hernández y Ángel Salinas.
Momento hubo en que Dulce Pontes quiso atravesar y atravesó con su arte las candilejas. Y el público tímido -quizá por respetuoso y emocionado- dejó escapar unos bien entonados y leves tarareos. No perdieron detalle de la puesta en escena ni el realizador de televisión Miguel Ezquerro ni la sobria periodista Marta Rodríguez.
En familia asistieron a disfrutar del concierto, Ramón Peinado y su esposa, Katy Adiego, y Urbano García con la suya, Maivi Barrasa. Con ambos iban sus hijas Laura Peinado y Tamara García.
Vimos guapísima a Susana Miranda y lo mismo a Ana Ezquerro. Con su hijo Nacho Becerra acudió la afable Pilar Moreno y con Esmeralda Peña, Azucena Sáinz Bretón.
Disfrutó lo suyo la cónsul de Francia en Santander, Marina Martínez, y orgulloso de haber nacido en Muro de Aguas no plegó los párpados ni cerro sus oídos Daniel Consuegra.
El éxito de la artista podría certificarlo Ángel de las Heras Gonzalo. Y con similar convencimiento lo haría la sonriente Julia Romero, siempre remisa a posar para las cámaras.
Al final, el público se dejó iluminar en el exterior por la luz de la luna llena, impregnados ya sus pechos de emociones y de los cálidos colores de la voz y la presencia de una Dulce Pontes que vistió para la ocasión, oros, canelas, negros y naranjas sin madurar, todo ello sobre el regio atrio de unos níveos y gráciles pies descalzos.





















