
J.LM., de 46 años, tuvo que dar gracias a los miembros de la Guardia Civil que, con las primeras horas de luz del día, dieron ayer por la mañana con él y le trasladaron, en buen estado pero algo aturdido, al Centro de Salud ezcarayense. Allí, tras un reconocimiento donde no se le observó nada anormal, le permitieron volver al domicilio de sus parientes, quienes fueron los que dieron la alarma. Su familiar había salido por la mañana del jueves a pasear por el entorno de Posadas y les anunció que tenía intención de regresar hacia las cuatro de la tarde. Sin embargo, el paseo se complicó y el senderista francés avisó a su familia para advertirles de que llegaría algo más tarde, porque creía haberse perdido pero confiaba en acertar con el camino de vuelta.
No sucedió así. Unas horas después, cuando cayó la noche, su tardanza en regresar al domicilio movió a sus familiares a alertar a la Guardia Civil de Ezcaray, que puso en marcha un dispositivo de búsqueda. Eran aproximadamente las ocho y media de la noche cuando se organizó el operativo, con una amplia relación de participantes: unidades del EREIM (Equipo de Rescate e Intervención en Montaña), SEPRONA (Servicio de Protección a la Naturaleza) y del equipo de rescate con perros, así como agentes de los puestos de Ezcaray y Santo Domingo de la Calzada. También se sumó a la localización personal de Medio Natural, Agrupación de Voluntarios de Protección Civil de Arnedo y Cruz Roja. En total, casi medio centenar de personas.
Operativo suspendido
El equipo rastreó la zona por donde se presumía que podía encontrarse el senderista y utilizó las sirenas de los coches-patrulla para alertarle, por si podía ponerse en contacto con quienes intentaban localizarle. Finalmente, a la una de la madrugada, una vez que no se dio con ninguna pista del desaparecido, se optó por suspender el dispositivo, que se reanudó ayer por la mañana de ayer.
Entonces, hubo más suerte; fueron los agentes del SEPRONA y del EREIM quienes, a las diez de la mañana, encontraron al ciudadano francés.
A sus rescatadores, les comentó que había pasado la noche a las orillas del río Ortigal, cuyo caudal era elevado, de modo que el ruido que provocaba el agua le impidió escuchar las sirenas. También les confirmó que había aguantado temperaturas heladoras, de entre uno y dos grados bajo cero y les agradeció sus desvelos para rescatarle.











