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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Sociedad

GENEALOGÍA
En nombre del padre, del abuelo y del bisabuelo
La recién constituida Asociación Riojana de Genealogistas reivindica el rico y frágil patrimonio documental de los archivos
18.02.08 -

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En nombre del padre, del abuelo y del bisabuelo
Francisco Marques, nacido en 1490 en Navarrete. Máxima, nacida en 1495. Pedro Jiménez, nacido en 1490. Joanna, nacida en 1495. Son los antepasados más antiguos a que ha podido remontarse Jesús Barriuso, uno de los impulsores de la Asociación Riojana de Genealogía y Heráldica (ARGH), que acaba de ser constituida.

Como Jesús Barriuso Sáenz, José María San Martín Pérez (presidente), Ignacio Gonzalo Hervías (vicepresidente), Alfonso Moreno Ortigosa y Manuel Ruiz de Bucesta Álvarez, sus miembros fundadores, son gente que gasta nombre y dos apellidos, como cualquiera, pero capaces de enumerar decenas de ellos más. Con no poco esfuerzo los han rescatado del tiempo y el olvido, de las páginas perdidas de la historia familiar que todos tenemos, pero sólo unos pocos son capaces de reconstruir.

Los genealogistas son investigadores de la ascendencia personal, no necesariamente de alta cuna, empeñados en armar el enmarañado árbol de generaciones y generaciones del que son fruto. Para ello se enfrascan en archivos de todo tipo; en la era de Internet la afición por la genealogía se ha extendido infinitamente y mucha información es accesible desde casa, lo que facilita aparentemente las cosas, «pero sigue sin haber nada como un archivo parroquial -afirman los miembros de la asociación- para buscar y analizar cualquier documento» en el que haya quedado registrado el nacimiento, bautismo, boda o entierro de un antepasado.

Los archivos de los pueblos, el Diocesano, el Histórico Provincial, el Registro Civil del Ministerio de Justicia, el Archivo Municipal En ellos se contiene un patrimonio ingente que pertenece a todos los riojanos, a los vivos y también a los muertos, porque da fe de su existencia. Defender y conservar este patrimonio es uno de los objetivos que se ha propuesto este colectivo, consciente de que es tan rico como frágil.

«La documentación es un ser vivo con un proceso de calidad y de decadencia -explica San Martín- . Cuando desaparece no hay más». «Hay que digitalizar la información -añade Barriuso-, si no la digitalizamos nos vamos a quedar sin fondos y si nos quedamos sin fondos no vamos a saber de dónde venimos».

Los genealogistas se enfrentan a la encrucijada de ver tanta documentación en peligro y, al mismo tiempo, depender de la voluntad de los archiveros de turno para poder consultarla: en unos casos se impide el acceso de la forma más hermética para preservarla, mientras que en otros se da vía libre a cualquiera, también a personas que no la tratan con el cuidado necesario.

Esos documentos son la única vía de acceso a los hombres y mujeres que pasaron por aquí antes que nosotros. Como Francisco Marques, Máxima, Pedro Jiménez y Joanna, riojanos de hace quinientos de los que hoy se honran sus descendientes.
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