
«En realidad», explican los responsables de la diócesis riojana, «lo que pretendía el obispado es adaptar el mundo cofrade a la realidad». Aluden al hecho de que un gran número de estas cofradías lo eran casi sólo de nombre. «Se limitaban a sacar el santo en procesión o actividades menores, muchas veces más de tipo social que religioso», subrayan gráficamente desde el obispado. De ahí que, como advierten los dirigentes diocesanos, la Iglesia impulsara este proceso, que ha tenido las consecuencias deseadas: muchas asociaciones se vieron literalmente superadas por las exigencias burocráticas exigidas para adaptar sus estatutos, de modo que no llegaron a tiempo de cumplimentar el papeleo. «Ahí se comprobó que, en efecto, carecían de medios suficientes para seguir existiendo como cofradías», aseguran las citadas fuentes, que añaden: «El archivo de cofradías estaba infladísimo».
La nueva condición que adquieren estas asociaciones no impide que sigan promoviendo los actos que impulsaban hasta ahora. «Las que atendían a ancianos o a personas sin recursos, las que hacían otros actos de caridad o lo que fuera, pueden seguir haciéndolo», enfatiza el obispado. Los cofrades tampoco van a tener problemas para organizar el programa de actos para Semana Santa habitual otros años. «Pueden salir en procesión o lo que pretendan hacer, pero siempre en el seno de la parroquia», insisten desde la diócesis. La nueva personalidad jurídica que adquieren las cofradías las equipara con otros órganos parroquiales, «como el coro».
Los responsables diocesanos reiteran que la decisión de regular el censo sólo tiene carácter administrativo y obedece al deseo de evitar al obispado los farragosos trámites que hasta ahora se exigían. «Esto era una locura», concluyen.












