
El dirigente nacionalista afirmó que, tras el «frustrado fracaso», Zapatero ha pasado de «casi acariciar con los dedos un acuerdo» a realizar, «consciente de en qué situación consiguió el poder en el 2004», una lucha «sin cuartel» contra el entorno de la izquierda 'abertzale' que le ha llevado a «crear un cordón sanitario» por la vía judicial y fiscal, en previsión de lo que pudiera hacer ETA antes del 9 de marzo.
Iñigo Urkullu, en su intervención en el Fórum Europa, apuntó que el PSOE «a la desesperada, en los primeros meses de gestión del alto el fuego y en los últimos meses de su idilio con Batasuna cruzó una barrera que no debía y quiso negociar con ETA directamente cuestiones políticas que afectan exclusivamente a los partidos políticos». Admitió que al PNV también se le puede decir que han hecho lo mismo en algún momento de los últimos 30 años, pero cree que debería apuntarse, en este caso, «dos matizaciones». La primera, que el PNV «nunca ha tenido en su mano poder satisfacer las demandas de ETA» y, en segundo lugar, que «de experiencias anteriores era necesario aprender, para no volver siempre a la misma casilla de salida, tal y como aportamos como bagaje al Partido Socialista».
Para el dirigente nacionalista, «lo peor de todo» es que Zapatero ha pasado de «casi acariciar con los dedos un acuerdo» a mostrar «la otra cara», la de un presidente «frustrado por el fracaso». El dirigente nacionalista resume la actuación de Zapatero en que estuvo dispuesto a «ir más lejos que nadie sólo con el mundo de la izquierda radical para alcanzar un acuerdo, pero también ha ido más allá que el PP en la época de Aznar».
Urkullu recordó también las conversaciones que mantuvieron el PSE, Batasuna y el PNV en el santuario de Loyola, y reseñó que
el proceso «fracasó y se truncó», aunque matizó que éste «siguió latente a pesar del atentado de Barajas, durante meses hasta la ruptura oficial del alto el fuego».
Quiso dejar claro que los que estuvieron presentes en esas conversaciones, en las que se incluyó, «sabemos lo que ocurrió y lo que entonces planteamos cada formación y lo que pensaba y estaba dispuesto a ofrecer el Gobierno de Rodríguez Zapatero». Pero después, a preguntas de los asistentes, no quiso revelar el contenido de lo que planteó el Ejecutivo y se escudó, irónicamente, en el «secreto de confesión».





