
¿Volverá a suceder lo mismo este año?. Es probable que no.
Pero la Berlinale, que tiene la fama en el circuito de los grandes festivales internacionales de ser el más político de todos, se podría inclinar por el único documental presentado en el marco de la competición oficial,
Visita de la canciller
La sorpresa de ayer fue la presencia de la canciller Angela Merkel y su esposo, que llegaron al Berlinale Palast para ver la cinta
Katyn, fue un nombre prohibido en Polonia durante el largo invierno comunista que reinó en ese país desde el fin de la guerra hasta 1989, cuando se abrió la puerta de la democracia. Fue entonces cuando Wadja comenzó a madurar la idea de llevar a la pantalla la masacre cometida por los soviéticos en 1940, cuando asesinaron de un tiro en la nuca a 22 mil oficiales del Ejército polaco, entre ellos el teniente Jakub Wadja, el padre del director.
El filme recoge testimonios reales de las víctimas sacados de los diarios y cartas que llegaron a manos de sus familiares para contar el destino trágico de cuatro oficiales de ficción. A través de ellos y de sus respectivas familias, Wadja recrea un fresco trágico de la historia de su país, que fue atacado desde el Oeste por el Ejército alemán el 1 de septiembre de 1939 y diecisiete días después por el Ejercito Rojo desde el este, gracias al pacto secreto firmado entre Hitler y Stalin.
La masacre de Katyn fue descubierta por la Wehrmacht en 1942 cuando avanzaba hacia Moscú, pero la propaganda soviética culpó a Hitler de la matanza y castigo con duras penas de cárcel a todos los polacos que se atrevieron a mencionar el nombre prohibido y a los verdaderos autores del crimen. En 1990, Moscú admitió que la policía secreta de Satlin había ejecutado a los oficiales.













