
Enrique de Melchor es un prodigio de elegancia con la guitarra y en esa rondeña fue capaz de cuajar momentos de inusitada belleza, con aires de muchos pueblos en su cálida sonanta, desde ritmos abandolaos a los jerezanos toques con el pulgar como intrumento percutivo. Una falseta de la siguriya resultó especialmente emotiva, a pesar de que el tono melódico de la cantaora sufriera para llegar con su garganta hasta donde le dictaba el corazón.
Y hay que detenerse en Juan Parrilla y en la manera en la que hace sonar flamenca su flauta travesera. Cuánto compás: entiende su alma y su armonía y hace bueno el dicho aquel de Miles Davis en el que cada instrumento tenía que ser el reflejo exacto del alma del artista, sonar a él, ser como él y hacernos sentir con él.













