Esas prácticas cesaron días después del siniestro, cuando el entonces ministro, Federico Trillo, ordenó cancelar los alquileres de aviones de origen soviético y trasladar a los soldados en aviones de línea regular.
El juez Fernando Grande-Marlaska, que investiga si Defensa cometió irregularidades o dejaciones al permitir que los soldados viajaran en aviones en mal estado, tomó ayer declaración al perito Cecilio Yustas, experto en investigación de accidentes aéreos. El perito destaca el «agotamiento extremo» que sufría la tripulación, tras 25 horas y 17 minutos de trabajo ininterrumpido.
Reproches de dolor
Javier Jiménez-Ugarte, ex secretario general de Política de Defensa en la etapa de Federico Trillo y que fue designado por Federico Trillo para gestionar desde el Ministerio de Defensa todo lo relacionado con el accidente lejos de apaciguar los ánimos de los familiares de las víctimas acentuó más su dolor.
En una carta del 18 de noviembre del 2003 que envió a la viuda del comandante José Antonio Fernández Martínez, Rosario Benítez Maudes, quien había puesto en duda el trabajo de los militares enviados a Turquía para identificar a los fallecidos. En tono de reproche, Jiménez-Ugarte le decía en esa misiva a la viuda que «sería más solidario por su parte no escribir cartas como esta última, que sólo sirven para denigrar a la sanidad militar y para hacer sufrir aún más a todos» los afectados por «esta tremenda tragedia».






