
Ambos tienen facilidad de palabra y, al encontrarse, se saludan con amabilidad. Santamaría, más serio, no oculta el acento andaluz de Málaga, la ciudad que le vio nacer. Jusué, más bromista, no esconde la comodidad que supone para él vivir en Logroño, cerca de su Valtierra natal. Pese a que cada uno vive en un club logroñés diferente, comparten sensaciones y compañeros de vestuario en el pasado, como Iker Casillas.
«Defectos no sé si tiene Casillas, pero ha tenido mucha suerte y la ha sabido aprovechar», dice Santamaría. Jusué sigue manteniendo contacto con el capitán de la selección y para muchos mejor portero del mundo: «Es muy campechano. Cuando voy a Madrid suelo llamarle y quedar con él. Así como otros son más estirados, Íker no. Transmite mucha normalidad», señala.
Pero los tiempos en los que compartieron vestuario con Casillas quedaron atrás. Jusué y Santamaría viven ahora del fútbol modesto. Y por eso coinciden en que «de los recuerdos no se vive». «Todo aquello fue maravilloso, muy bonito y me pilló al principio de mi carrera. Pero hay que disfrutar cada una de las etapas que te da el fútbol. Disfruto siendo futbolista», resume Santamaría. «Ha habido etapas mejores y peores, y ahora estamos en Logroño intentando hacerlo lo mejor posible», sentencia Jusué.
Pero, ¿por qué los que en su día fueron dos jóvenes con proyección han terminado en Logroño, en Segunda B? «Todo influye. Depende de que al entrenador que esté le gustes o no, que decida contar más o menos con los jóvenes, de la situación del equipo...», argumenta Jusué. «Podríamos pasarnos una tarde hablando de los motivos que influyen», dice Santamaría.
La cabeza
Y uno de los factores que modifican el desarrollo de un joven con éxito es la cabeza. Muchas promesas se pierden, precisamente, por la dificultad para asimilar la gloria. Jusué avisa: «Cuando estás arriba te tienes que quitar a los 'amigos' a patadas. Cuando las cosas no van bien, ves que te quedan los de siempre». Santamaría concreta: «Recuerdo a Iniesta cuando entró en el Barcelona. Tenía 12 años y una mentalidad impresionante. Con esa edad ya era inteligente y sabía lo que quería, tal y como es hoy». El malagueño, además, habla sobre un caso similar al suyo: Bojan. «No le conozco más que de enfrentarme a él el año pasado, pero se le nota que tiene cabeza, que mide sus palabras. Además, tiene la suerte de que hoy en el Barcelona hay vientos favorables hacia la cantera», comenta el extremo blanquirrojo.
En el caso de los que compartieron vestuario con Santamaría en aquel Mundial sub'17, la lista de los que juegan en la élite no es demasiado amplia, aunque Xavi o Casillas sí estaban. Jusué, por su parte, sí ha visto como varios de sus ex compañeros son hoy futbolistas profesionales: «Casillas, Aranzubía, Marchena, Gabri, Colsa, Varela, Aganzo, Pablo Couñago, Barkero, Pablo Coira, Yeste... La lista es amplia». Y famosa. Porque aquellos jóvenes que se colgaron el oro en Nigeria estaban llamados a repetir éxitos con la absoluta.
Pero la historia no ha sido así. España sigue inmersa en sus eternos debates y polémicas. «Me han preguntado millones de veces por qué las inferiores funcionan y la absoluta no. Creo que no siempre el fútbol es justo. A veces cuesta más darles confianza a los chavales de casa. Es algo que se ha hablado mucho y nadie tiene la respuesta correcta», opina Santamaría. Para Jusué, el factor suerte tiene mucha importancia: «A veces todo depende de que una jugada te salga o no. En nuestro caso, sí nos salió y teníamos la fortuna de que en una tanda de penaltis estaba Casillas, que es un portero que nació con el don de pararlos».
Casillas, siempre Casillas. Es el ejemplo supremo para un niño que sueña con ser futbolista. Él lo ha ganado todo. Pero dos de los que un día fueron sus compañeros no gozaron de la misma fortuna y hoy viven en Segunda B en una ciudad con un enrarecido ambiente futbolístico. A pesar de ello, no pierden la sonrisa ni la ilusión: «Da igual que el campo esté lleno o vacío, de que sea el Camp Nou, el Sadar o Las Gaunas. Nosotros somos futbolistas, vivimos de esto y nos gusta».





