
AXA BARCELONA 64 - UNICAJA 62
No es habitual que un entrenador sea destituido horas antes del partido. Ocurrió en el Barcelona, que fulminó a Dusko Ivanovic en la hora del aperitivo. La decisión, sin precedentes bajo el mandato de Joan Laporta, marcó el partido ante Unicaja que, sin embargo, estuvo a punto de forzar la prórroga en el último suspiro.
Quiso el Barça elevarse por encima de la tensión de los despachos. Más allá de los contratos destruidos y las dudas del proyecto, el equipo firmó un acto de fe, con más actitud que juego, que sirvió para tumbar a un Unicaja decepcionante, con tan sólo el 37 por ciento de acierto en tiros de dos. Bien cerrado en defensa y ayudado por su público, el Barcelona comenzó con el depósito de gasolina a tope, y pilló desprevenido a Unicaja, sin recursos en el primer acto, errático y en manos de Haislip (17-9 al final del primer período). Aunque le falló incomprensiblemente el lanzamiento exterior, con unas cifras espantosas, 3 de 16, un 19 por ciento, el Barcelona tuvo la suerte de encontrarse a un Unicaja por debajo de lo esperado.
Pero existen carencias que no cambian, y pese a que Ivanovic no se sentó en el banquillo, el Barcelona volvió a firmar un tercer acto para olvidar. Incapaz de cerrar el rebote defensivo, el Barça dio vida a Unicaja, más acertado en las segundas opciones, siempre atento al rebote, siempre dispuesto a trabajar la zona con Ndong o Haislip. Así creció el equipo de Scariolo, especialmente flojo en los tiros libres (sólo un 59 por ciento) y ligeramente más fiable desde el perímetro (7 de 14).
En su peor momento, el Barcelona encontró a un protagonista inesperado, Alex Acker, jugador insípido bajo el mandato de Ivanovic, despertó en la segunda mitad. Apareció lo justo, pero tuvo una notable incidencia en el juego, con nueve puntos en los tramos decisivos.
En un final muy apretado, 63-60 a falta de 20 segundos, Welsh cometió una falta sobre Lakovic, pero el esloveno no supo cerrar el partido. Kus, 64-62 a falta de 5 segundos, tiró a fallar su segundo lanzamiento, pero Ndongo y Welsh fallaron en el palmeo y el Barcelona respiró aliviado, satisfecho por una victoria agónica, símbolo de los tiempos que corren.





