
«Una motivación para seguir estudiando y un premio que nos hace mucha ilusión, aunque parece que el bachillerato ahora parece que te pilla lejos», comentan estas dos jóvenes, de 19 años, que ya cursan su segundo año de Universidad.
Con el profesorado
Natalia, que estudió el bachiller en el I.E.S. Tomás Mingot, de Logroño, se ha inclinado por la carrera de Físicas, que cursa en Oviedo, su tierra natal, y aspira a poder dedicarse a la investigación. Mientras, María Concepción, ex alumna del Sagrado Corazón, ha optado por derecho, «con un programa de Derecho angloamericano en inglés», que estudia en la Universidad de Navarra, aunque «todavía no sé que voy a hacer más adelante, nos quedan dos años».
La primera sacó un 9, 8 de media del bachiller y selectividad, y reconoce que «sacaba bastantes buenas notas salvo en el tema gimnasia», bromea. Su compañera riojana consiguió un 10 de nota final en el colegio y cerca de un 9,3 de media tras las pruebas preuniversitarias. Todo un ejemplo para muchos estudiantes, aunque aseguran que el trato con sus compañeros durante el bachiller siempre ha sido de lo más normal. «Igual que estamos nosotras aquí podía haber llegado otra gente», dice María Concepción. Y remata Natalia: «Tengo la sensación de que somos todos los que estamos, pero no estamos todos los que somos, además, representamos a toda una comunidad educativa, a unos compañeros, a unos profesores, que sin ellos hoy no estaríamos aquí».
Una visión que comparte por completo la ministra de Educación y Ciencia y que dejó claro a lo largo del acto. «En la educación convergen la enseñanza y el aprendizaje, y es justo reconocer el esfuerzo del profesorado». Un esfuerzo que agradeció a todos los profesores y centros educativos, porque «sois un ejemplo de que nuestro sistema educativo no sólo funciona, sino que es capaz de promover la excelencia», como lo demuestran los alumnos que han conseguido estos premios, dotados con 1200 euros y un diploma acreditativo.












