
EN DATOS
El pasado 22 de noviembre se presentó la primera denuncia ante el juzgado de primera instancia de Haro, interpuesta por una mujer de una localidad cercana a la ciudad jarrera. Su abogado confirmó ayer que en la vista declararon la denunciante, la médico de cabecera que trató la infección y la dueña del centro de estética. El siguiente paso consistirá en tomar declaración a la doctora que impartía el tratamiento de mesoterapia en el centro de estética.
La segunda denuncia la interpuso otra de las pacientes representadas por el mismo letrado, quien se reunió la pasada semana con un grupo de 34 mujeres de Haro para exponerles la situación y realizar posibles acciones conjuntas con los representantes legales de las afectadas. Según apunta este abogado, las más de treinta mujeres reconocieron que la doctora «en ningún momento informó de las contraindicaciones del tratamiento, no pedía el historial clínico y no les hacía firmar la hoja de consentimiento informado».
A principios de este mes, el representante legal de las afectadas se puso en contacto con la aseguradora de la doctora, donde comprobó que se desconocía lo sucedido. El problema de sus clientas se agrava porque a ambas les han realizado el 'Test de Mantoux' y han dado positivo en la bacteria de la tuberculosis.
Seis años
El vínculo de las personas afectadas es haberse sometido al mismo tratamiento de mesoterapia con la misma doctora en un centro de Haro. Los primeros datos indican que la bacteria se puede encontrar en las inyecciones o en los productos farmacológicos, puesto que Salud realizó dos inspecciones en el centro de estética que dieron resultado negativo. De hecho, la dueña del centro advierte que ella se limitaba a ceder el uso del local para el tratamiento que aplicaba la doctora y asegura que en cuanto aparecieron los primeros casos, la doctora dejó de aplicar el tratamiento, aunque siguió acudiendo al centro para tratar las lesiones de las pacientes.
M.S., la especialista contra quien se dirige la denuncia judicial de los pacientes que cuenta con despacho en Logroño, llevaba seis años acudiendo al centro de Haro y realizando su labor «sin problema alguno», según la responsable del centro médico jarrero que le prestó sus instalaciones, quejosa porque el brote infeccioso ha perjudicado su trabajo y porque ha recibido «chantajes y amenazas». «En este centro se realizan otros tratamientos y en ninguno ha surgido ningún problema», argumenta.
«A partir de ahora sólo ofreceré servicios de los que yo sea la única responsable para evitar este tipo de complicaciones», añade.












