
En sus manos puede estar la clave del desempate. Su apoyo va más allá de los 26 delegados que ha conseguido. Edwards es especialmente influyente entre sindicatos y cinturones obreros, que serán clave en Ohio y Pensilvania.
El domingo Clinton reajustó su agenda para visitarle, después de haberle cortejado ardientemente.
«Tenemos mucho en común», adelantó en su mítin de Maine, «y tengo la intención de pedirle a John Edwards que sea parte de cualquier cosa que yo haga cuando esté en la Casa Blanca».
Obama no ha comentado su oferta, pero ayer voló de Baltimore a Chapel Hill para someterse al escrutinio del ex senador. Sus asesores dicen que Edwards está angustiado con la decisión. El hombre al que apoyaron Tim Robbins y Susan Sanrandon dice que basará su resolución en quién incluya más de sus ideas para rescatar a las clases desfavorecidas.













